Domingo, 5 de junio de 2005
Corrida de rejoneo
 
 
 
Seis toros de Los Espartales
Nº 12, Muñeco, negro, 618, 3/01
Pastueño, persiguió incansable al caballo excepto en el tercio final. Ovación
Nº 1, Taranto, negro, 557, 3/01
N oble y con fijeza. Ovación
Nº 14, Encijano, negro bragado, 583, 1/01
J usto de fuerzas. Barbeó tablas de salida pero se vino arriba en el resto de la lidia.
Nº 42, Colombiano, negro, 504, 2/01
Alegre de salida se rajó con el primer rejón de castigo.
Nº 34, Mayordomo, negro, 562, 1/00
Se estrelló contra un burladero y acabó parándose.
Nº33, Sereno, negro bragado, 559, 8/00
Pastueño.

Joao Moura

Rejón caído
Oreja

Rejón caído
Silencio

Auxiliadores Antonio Carballo, Juan D. Villaverde y Francisco Parreira "Bombita"

Cuatro pinchazos y puntilla
Saludos

Rejón trasero y tres descabellos
Saludos

Auxiliadores José Luis Cotán, José Manuel Rodríguez y Luis Leal

Joao Moura "Hijo"

Rejón trasero y desprendido y ocho descabellos
Saludos

Pinchazo, rejón desprendido y descabello
Oreja

Auxiliadores José Francisco Serrano, José Rivero y Rafael GUerrero.

Joao Moura "hijo" corta una oreja en su presentación venteña


Joao Moura "Hijo"

El joven Joao Moura se presentó en la plaza de Las Ventas como rejoneador de toros de la mano de su padre, el “mestre” portugués Joao Moura. Ambos cortaron sendas orejas mientras Pablo Hermoso de Mendoza, que hacía de testigo, emborronaba sus faenas con el rejón de muerte y se iba de vacío. Lleno de “No hay billetes”.

Con dieciséis años cumplidos Joao Moura "hijo" confirma la alternativa en Las Ventas de la mano de su padre. Tras una ceremonia típica portuguesa en la que el padrino le cede por la espalda el rejón de castigo al confirmarte, comenzaba una corrida de rejones anunciada a la par que el abono isidril pero fuera del mismo, lo que confiere gran mérito al cartel de “No hay billetes” que colgaba en las taquillas. Y es que los tendidos de Las Ventas se llenaron de jóvenes aficionados (los más, adolescentes y niños) dispuestos a soportar un sofocante calor con tal de admirar el arte de los rejoneadores y sus caballos toreros.


Joao Moura

El niño Moura –como antes llamaban también a su padre- asombró por su arrojo con el que abrió plaza. Aunque no tiene el temple de su progenitor está en el camino de alcanzarlo. Pone los rejones arriba y arriesga mucho en el toreo a dos pistas y en los cambios por los adentros. En su primer toro se vivieron momentos comprometidos con las cabalgaduras pero sólo contribuyeron a mantener la tensión en los tendidos. Habría cortado claramente una oreja de no ser por su precipitación a la hora de descabellar tras un rejonazo trasero. Hasta ocho veces tuvo que usar el estoque de cruceta por lo que todo se quedó en saludos. Con el sexto no dio la misma dimensión pero sí cortó, sin embargo, una oreja fruto del griterío más que de la agitación de pañuelos. En éste abusó de los quiebros y manejó con precisión el descabello.

Su padre, el veterano Moura, hizo gala del temple que siempre le ha caracterizado y, aunque le cuesta conectar con el tendido, pudo arrancarle un trofeo al primero de su lote –en este caso al murube lidiado en segundo lugar- gracias en parte a la fijeza y nobleza con la que el astado acudía a los cites del caballero. Banderilleó en los medios y se lució con las cortas y las rosas en terrenos complicados. Si algo hay que reprocharle al portugués es que aprovecha los capotes de sus auxiliadores para ponerle el rejón de muerte a los toros. La pronta caída del segundo propició una petición de oreja de nuevo más sonora que visual, que el presidente terminó concediendo. Con el cuarto, un toro aquerenciado en tablas, la faena careció de emoción y acierto en la colocación de los castigos y se silenció su labor.


Pablo Hermoso de Mendoza

Después de Pablo Hermoso nadie. Lo ha demostrado muchas veces en esta plaza -no en vano, sin salir por la Puerta Grande ha resultado el rejoneador triunfador de San Isidro- y ha vuelto a dejarlo patente hoy. Con la lección de maestría al tercero tenía aseguradas dos orejas a ley, pero su habitual rol de “pinchauvas” no iba a abandonarlo esta tarde. El estellés sale a lomos de Curro o de cualquier otro caballo y la plaza es una algarabía. Pasa galopando por los distintos tendidos y la gente le hace la ola. La pasión que desata su toreo hace afición, y eso es lo que cuenta. Al abanto que salió en tercer lugar lo enceló con la cola de Curro. Templó y dio distancia, citó de frente, banderilleó al quiebro y puso las cortas a dos manos por los adentros. Los cambios con sus caballos son auténticos trincherazos con la muleta y sus paradas con Nativo desplantes delante de la cara del toro. Todo esto y más se empañó al pinchar con el rejón de muerte pero ahí quedó la faena del navarro. En el quinto brilló especialmente con Campogrande, que retaba de frente y a centímetros de distancia a un toro parado y con tendencia a protagonizar repentinas arrancadas. Esta vez el rejón cayó trasero, precisó del descabello y, como el toro tardó en morir, el público sólo lo sacó a saludar.

B. F. Pellicer



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