
Andanada del siete
La inocencia de cualquier
espectador recién estrenado en una plaza
de toros no tiene límites. De las dos amigas que
me llevé hoy a los rejones –por aquello de
que las probabilidades de éxito son considerablemente
mayores- una de ellas ejerció durante toda la corrida
de periodista ávida de nuevos conocimientos. Entre
explicación y explicación, la chica hacía
sus propias cábalas sobre el festejo como por ejemplo:
“Si este toro es manso y rodea la barrera buscando
la salida porque se quiere ir, ¡que lo devuelvan y
saquen otro!, ¡es evidente que no quiere estar ahí!”.
Interesante.
Un caballero aficionado
cruje con la faena de Pablo Hermoso al tercero.
Se ve que sigue la trayectoria del estellés y comenta
al dedillo todos y cada uno de los pasos que da el navarro.
Su admiración queda tan patente que, en justificación
de uno de sus gritos, le exclama: “¡Eres
grande y hermoso, pero… aún no he salido del
armario!”.
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