Viernes, 3 de junio de 2005
Corrida de toros
23ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Seis toros
de Victorino Martín
Nº183, Verdecito, cárdeno oscuro, 12/00, 573
Noble, un tanto soso, tomó un buen segundo puyazo arrancándose de largo.
Nº 150, Gamberro, cárdeno, 12/00, 542
Encastado y noble, terminó cortando sus viajes. También fue de largo al caballo. Aplausos.
Nº 175, Verecundo, cárdeno, 12/00, 562
Se dejó pegar en el caballo y embistió con fijeza y obediencia a los engaños. Aplausos.
Nº 129, Paquetero, cárdeno, 12/00, 554
Un toro fiero que se quedaba debajo ya desde los primeros capotazos.
Nº 179, Baratero, negro entrepelado, 1/01, 546
Manso desde el el saludo con el capote, trató de desentenderse de los caballos y terminó rajado después de meter la cabeza abajo con nobleza.
Nº 176, Mentorillo, cárdeno, 12/00, 560
Tardeó cuando lo pusieron de largo. Difícil y pendiente siempre del torero.

Metisaca y media
Silencio

Media, estocada y descabello
Saludos

Picadores José A. fernández y Rafael da Silva
Banderilleros Rafael Ruiz, Rafael González, Niño de Santa Rita

Estocada
Dos orejas

Dos pinchazos y estocada desprendida
Vuelta. Aviso.

Picadores Luis Alberto Parrón y José Manuel Espinosa
Banderilleros "Jocho", "Alcalareño" y Julio López

Estocada desprendida
Silencio

Estocada
Silencio

Picadores Luis Carlos Pedroza "Luizin" y Luis Antonio Vallejo "Pimpi"
Banderilleros Pablo Saugar "Pirri", Rafael Perea "Boni" y José A. Maqueda.

Por fin: "El Cid" por la Puerta Grande


"El Cid" saliendo a hombros

Manuel Jesús "El Cid" ha alcanzado la Puerta Grande de Las Ventas al cortar dos orejas al segundo toro de la tarde. El encierro de Victorino tuvo casta y la emoción del toro de lidia. Luis Miguel Encabo saludó a la muerte del cuarto.

“El Cid” enterró la espada en lo alto de Gamberro y fue como si hubiera matado de un golpe a este Gamberro, al célebre Guitarrero, al Bombonero de Victorino y a todos los toros que cuajó toreando como los ángeles y pinchó lastimosamente con la espada. La plaza, el edificio, si cabe, se quitó un peso de encima con esta estocada. Los pañuelos salieron recordando ésta y otras faenas de “El Cid” que merecieron la Puerta Grande, quizás todas ellas más que esta última, pero a todas se les ha premiado con las dos orejas. Manuel, despojado hasta de su apodo torero, lloraba como un hombre; como el hombre que ha protagonizado las mayores gestas de la primera plaza del mundo en los últimos años y no terminaba de lograr su recompensa. “El Cid” y Las Ventas, en esta tarde mágica de toros, han completado una relación de verdadera entrega.

Para mayor gloria del toreo, el público no entiende sólo de geometría y no sólo atiende a la limpieza y medida en centímetros de los pases. Si así fuera, “El Cid” habría completado una buena faena premiada con una oreja y una magnífica tras la que volvió a pinchar, para irse a su casa andando y rumiando sus desventuras de nuevo. El corazón del público de Madrid es de “El Cid” y por eso, más allá de si pudo estar mejor con su primero –como lo hemos visto tantas veces- se le entregó una Puerta Grande justísima si miramos un poco hacia atrás y exagerada si cogemos escuadra y cartabón para valorar las dos horas de ayer. Unos salián contentísimos porque “El Cid” practica el mejor toreo con todos los toros y merece más gloria que nadie en el escalafón actual. Otros, los de la escuadra, se rasgaban las vestiduras y clamaban amargamente por el prestigio perdido de Las Ventas. Todas las opiniones merecen un respeto, lo mismo que el grandísimo toreo de “El Cid”, al que le tocaba ya este premio.


"El Cid" con su primero

Como le gustaba escribir a Corrochano, ”El Cid” toreó bien a su primero, pero a mí me gustó más en el segundo. A éste, le dio pases profundídimos que soportaron el riguroso análisis de los geómetras y volvieron loco al entregado público de Madrid. El manso de Victorino se tragó un par de tandas indiscutibles de derechazos antes de rajarse. Esos pases valían por sí mismos algún cortijo, pero “El Cid”, recuperando antiguas costumbres, pinchó un par de veces antes de matar. La tragedia no tuvo lugar porque no es igual pinchar con la Puerta Grande en la mano que buscándola a la desesperada.

Con el primero, el de las dos orejas, tal vez sólo diera un pase completo, pero duró, casi, lo que toda una feria y tuvo más hondura que la temporada completa de un buen número de toreros. “El Cid” es un torero en estado de gracia que sin dar su mejor nota, se eleva mucho por encima del resto. Mató por arriba y consiguió todo eso de lo que venimos discutiendo.


Luis Miguel Encabo

Luis Miguel Encabo, se le vio, hizo un esfuerzo por mantener un buen nivel durante toda la corrida, pero a ratos pareció fallarle la confianza en sus posibilidades después de la recuperación acelerada de su lesión. Anduvo firme con el cuarto, peligroso y fiero, al que igual atosigó un poco en las primeras tandas. Pareció en algún momento que conseguía meter al toro por el carril que marcaba su muleta, pero éste enseguida volvía a su embestida descontrolada. Dirigió magistralmente la lidia y buena parte del lucimiento de la corrida se debe a que dejó de largo a su primer toro, obligando de esta forma a sus compañeros. Encabo respondió con casta a un quite de "El Cid" al primero de sus toros.

Luis Bolivar se habia metido en una trampa al matar la corrida de sus apoderados. Estos toros suelen ser de cara o cruz y requieren un oficio que es difícil tener aprendido con su poca experiencia. Valor tiene, lo ha demostrado, y le quedan años por delante para aprender los secretos de la lidia. Para sacar partido a toros como el tercero o resolver la dura batalla con el difícil sexto, deberá prestar infinita atención a los vídeos de los maestros que le han precedido en batallas antológicas con estos fieros astados. Distancia adecuada, temple y firmeza son las claves de su aprovechamiento. El sexto lo cazó a la salida de un pase de pecho pero, a pesar de su listeza, sólo pudo causarle una herida superficial en el muslo izquierdo.


Luis Bolivar a merced del sexto

Quedan los toros, que deberían ser lo primero en la crónica, ya que son lo primero en el ruedo. Los hubo, y de lidia, que no es poco, con lo que el interés quedó garantizado. El primero salió noble y un tanto sosito. El segundo, encastado, obedeció con fijeza hasta que recortó sus viajes tras veinte o treinta muletazos. El tercero pudo ser el más franco de la corrida. El cuarto, sin embargo, además de muy fiero, embestía con la cabeza alta y, como se dice, tirando bocados. El quinto, manso, metió la cabeza hasta que abandonó la lucha. El sexto, finalmente, ofreció grandes dificultades con un viaje corto y una gran velocidad para darse la vuelta. Todos murieron con la boca cerrada, como el día anterior sus primos de Adolfo y ofrecieron la emoción propia del toro de lidia, algo que, sin duda, llenaría las plazas si se viera con más frecuencia.

Salió “El Cid” por la Puerta Grande, feliz y zarandeado por sus seguidores, que gracias a Dios son legión en Las Ventas. Así, puso un fenomenal cierre a una feria en la que la plaza bramó con la tercera entrada al caballo de Madroñito, paladeó con gusto el toreo de César Rincón, se rindió sin condiciones a “El Cid” y descubrió a un valeroso francés que se pone en el sitio y se llama Sebastián Castella. Si la fiesta fuera como ha sido con ellos cada tarde, nada podría con ella.

Juan Pelegrín

Picadores Los picadores cumplieron con su trabajo sin picar excesivamente trasero (en general).  
Banderilleros Buena tarde de casi todos entre los que hay que destacar la maestría de "El Boni" con el capote.


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