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Seis
toros de Adolfo Martín |
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| 1º |
Nº
26, Mosquero, negro bragado, 12/00, 536
Muy
noble, flojo y un poco soso. |
| 2º |
Nº
45, Jardinero, negro bragado, 3/01, 498
Noble,
pronto y fijo. Aplausos. |
| 3º |
Nº
59, Madroñito, negro entrepelado bragado,
5/01, 535
Bravo.
Magnífica pelea en el caballo y mucha codicia
en el último tercio. Ovación. |
| 4º |
Nº
75, Villano, negro entrepelado bragado, 4/01,
527
Mal
lidiado. Quedó peligroso para la muleta. |
| 5º |
Nº
3, Comadrón, cárdeno bragado, 10/00,
506
Codicioso,
noble, pronto y con fijeza. Aplausos. |
| 6º |
Nº
9, Aviador, cárdeno, 11/00, 585
Noble,
con fijeza. Un poco paradito y con la cara alta
al salir de la suerte. |
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Media
Silencio
Pinchazo
y estocada
Bronca |
| Picadores |
Anderson
Murillo y Aurelio García |
| Banderilleros |
Alberto
Martínez, Juan Rivera,
Domingo Navarro |
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Pepín Liria |
Pinchazo,
media y descabello
Silencio
Metisaca,
estocada corta y descabello
Silencio |
| Picadores |
Juan
Bernal, Antonio Amo |
| Banderilleros |
Carlos
Casanova, Antonio Jiménez
"Ecijano II" y Alfredo
García Cervantes. |
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Pinchazo
y estocada caída
Silencio
Dos
pinchazos y estocada caída.
Silencio |
| Picadores |
Martín
del Olmo y Marcial Rodríguez |
| Banderilleros |
Juan
José Hidalgo, Carlos
Hombrados y Domingo Navarro |
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¡Viva el tercio de varas!
Nº 59, Madroñito.
Lidiado en tercer lugar. |
Los toros de Adolfo
Martín sacaron casta y algunos, como el tercero,
dieron un gran espectáculo en el caballo. El mayoral
saludó al terminar el festejo. Ninguno de los diestros
consiguió trofeo alguno.
Ahí va el toro, puesto
por tercera vez de largo al caballo. El picador se cruza
hasta la Puerta de Madrid, le da el pecho del caballo y
cita; el toro se fija. Espera. Cita de nuevo, y el adolfo,
galopando con brío, acude a la pelea. La plaza brama
con la bravura. El toro mete la cabeza debajo del peto,
recarga y soporta crecido el puyazo que Marcial Rodríguez
le ha puesto arriba sin rectificar. ¡Viva la suerte
de varas!. El toro y el torero a caballo reciben la gran
ovación de un público agradecido que ha tenido
la suerte de presenciar un espectáculo único
en vías de extinción: el tercio de varas.
Luis Francisco Esplá |
Hay gente que dice que esto
del caballo es una pantomima, una pérdida de tiempo
y que lo importante, lo único importante, es el toreo
de muleta. Había que ver a los aficionados levantando
los brazos emocionados mientras el bravo toro de Adolfo
galopaba. El tercio de varas debería ser el eje central
de la fiesta, para recordarnos que los toros, antes que
manejables, nobles, dulces, pastueños y “dejarse”,
han de ser bravos y la medida perfecta de la bravura la
indica la tercera vara, esa fabulosa tercera vara que nos
ha hecho vibrar durante unos minutos que a nadie en la plaza
(entre el público raso) han podido hacérsele
largos.
La corrida, aparte de este
magnífico tercero en el caballo, ha sido entera encastada,
con los diversos grados, problemas y virtudes que tiene
la casta. Los seis han muerto con la boquita cerrada, algunos
en el mismo centro del platillo y todos sin haber sido nunca
dominados.
El primero, para Esplá,
tenía poquita fuerza y una embestida suavona que
utilizó para seguir la muleta que el maestro de Alicante,
con un terno naranja con incrustaciones azules, le presentaba
sin gran afán lidiador. Faena ligerita sin transmisión
que se saldó con un hondo silencio.
Pepín Liria |
El segundo salió echando
la manos por delante, pero se atemperó enseguida
y empezó a tomar los engaños con dulzura,
quizás excesiva para los seguidores de las ganaderías
más fieras. Se dejó pegar muchísimos
pases por Pepín Liria, que tuvo un comienzo de faena
torero y extraordinario. El toro fue creciendo y Liria disminuyendo
a medida que quedaba claro que el primero obedecía
con fijeza y sin maldad los viajes de la muleta del matador.
Silencio al finalizar para el murciano.
El tercero montó el
lío en el caballo ayudado por el presidente y un
poco de mala gana por Robleñó que pidió
el cambio un par de veces después del segundo puyazo.
Robleño terminó por ponerlo largo para que
pasara eso que ya saben ustedes que pasó. Se lo cuento
otra vez, resumido: la plaza de Las Ventas se emocionó
con la bravura de un toro galopando por tercera vez hacia
el caballo. Quiso más tarde comerse la muleta con
fiereza y desbordó a Robleño que no pudo con
su enemigo. Silencio.
Esplá cortó
el viaje del cuarto con el capote, se inhibió de
la lidia y se formó un follón nada habitual
en el ruedo cuando el maestro está en la plaza. Con
la muleta soportó un par de coladas y sin sentir
el peso de la bronca, liquidó al segundo de su lote.
Lo dicho: bronca.
Fernando Robleño |
El quinto dobló las
manos, pero no es lo mismo que caiga en la arena un toro
cualquiera que uno encastado. El toro cualquiera se levanta
con pesadumbre, esperando que nadie vaya a molestarlo más.
El encastado, sin embargo, no tarda un segundo en ponerse
sobre sus cuatro patas y en cuanto recupera el equilibrió
ya está persguiendo al que se mueva. Así pasó,
y este toro se comía los engaños con codicia,
pero también con nobleza. Pepín Liria no le
ganó la partida y el toro murió en el centro
del platillo, fijo en la muleta y sin abrir ni un instante
la boca. Silencio.
El sexto salió más
parado y con tendencia a levantar la cabeza al final de
cada pase. Peleó discretamente en el caballo y tuvo
franqueza a pesar del defecto apuntado en el último
tercio. Robleño fue diferente a si mismo en tantas
tardes y no salió a la plaza con su arrojo habitual.
El toro se impuso y Robleño, por primera vez en mucho
tiempo, salió de Madrid sin oír sus aplausos.
Silencio.
Cuando los de luces abandonaron
el ruedo surgió una tímida ovación
que premiaba el juego de los toros. El mayoral se dio por
aludido y salió a saludar. El premio es excesivo,
pero nos lleva a ese tercio de varas vibrante y emotivo.
Ahora alguien debería ponerse a pensar porque no
se ponen así al caballo todos los toros todas las
tardes. A lo largo de la feria, estoy seguro, habríamos
disfrutado mucho más.
Juan Pelegrín
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| Picadores |
Muy bien
Marcial Rodríguez que aguantó el tirón
de ese tercer toro con torería. Midió
el castigo, puso los puyazos en su sitio y toreó
a caballo. Recibió una ovación. Normal. |
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| Banderilleros |
Destacamos
con gusto la actuación de Domingo Navarro, tercero
de Esplá, que hizo dos qutes fantásticos
(uno a cuerpo limpio) y estuvo siempre bien colocado
y atento. Puso más que bien sus pares de banderillas.
Aparte de este sensacional tercero, Carlos Casanova
y "Ecijano II" cumplieron con la brillantez
que en estos dos buenos banderilleros es habitual. |
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