Jueves, 2 de junio de 2005
Corrida de toros
22ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Seis toros de Adolfo Martín
Nº 26, Mosquero, negro bragado, 12/00, 536
Muy noble, flojo y un poco soso.
Nº 45, Jardinero, negro bragado, 3/01, 498
Noble, pronto y fijo. Aplausos.
Nº 59, Madroñito, negro entrepelado bragado, 5/01, 535
Bravo. Magnífica pelea en el caballo y mucha codicia en el último tercio. Ovación.
Nº 75, Villano, negro entrepelado bragado, 4/01, 527
Mal lidiado. Quedó peligroso para la muleta.
Nº 3, Comadrón, cárdeno bragado, 10/00, 506
Codicioso, noble, pronto y con fijeza. Aplausos.
Nº 9, Aviador, cárdeno, 11/00, 585
Noble, con fijeza. Un poco paradito y con la cara alta al salir de la suerte.

Media
Silencio

Pinchazo y estocada
Bronca

Picadores Anderson Murillo y Aurelio García
Banderilleros Alberto Martínez, Juan Rivera, Domingo Navarro

Pepín Liria

Pinchazo, media y descabello
Silencio

Metisaca, estocada corta y descabello
Silencio

Picadores Juan Bernal, Antonio Amo
Banderilleros Carlos Casanova, Antonio Jiménez "Ecijano II" y Alfredo García Cervantes.

Pinchazo y estocada caída
Silencio

Dos pinchazos y estocada caída.
Silencio

Picadores Martín del Olmo y Marcial Rodríguez
Banderilleros Juan José Hidalgo, Carlos Hombrados y Domingo Navarro

¡Viva el tercio de varas!


Nº 59, Madroñito. Lidiado en tercer lugar.

Los toros de Adolfo Martín sacaron casta y algunos, como el tercero, dieron un gran espectáculo en el caballo. El mayoral saludó al terminar el festejo. Ninguno de los diestros consiguió trofeo alguno.

Ahí va el toro, puesto por tercera vez de largo al caballo. El picador se cruza hasta la Puerta de Madrid, le da el pecho del caballo y cita; el toro se fija. Espera. Cita de nuevo, y el adolfo, galopando con brío, acude a la pelea. La plaza brama con la bravura. El toro mete la cabeza debajo del peto, recarga y soporta crecido el puyazo que Marcial Rodríguez le ha puesto arriba sin rectificar. ¡Viva la suerte de varas!. El toro y el torero a caballo reciben la gran ovación de un público agradecido que ha tenido la suerte de presenciar un espectáculo único en vías de extinción: el tercio de varas.


Luis Francisco Esplá

Hay gente que dice que esto del caballo es una pantomima, una pérdida de tiempo y que lo importante, lo único importante, es el toreo de muleta. Había que ver a los aficionados levantando los brazos emocionados mientras el bravo toro de Adolfo galopaba. El tercio de varas debería ser el eje central de la fiesta, para recordarnos que los toros, antes que manejables, nobles, dulces, pastueños y “dejarse”, han de ser bravos y la medida perfecta de la bravura la indica la tercera vara, esa fabulosa tercera vara que nos ha hecho vibrar durante unos minutos que a nadie en la plaza (entre el público raso) han podido hacérsele largos.

La corrida, aparte de este magnífico tercero en el caballo, ha sido entera encastada, con los diversos grados, problemas y virtudes que tiene la casta. Los seis han muerto con la boquita cerrada, algunos en el mismo centro del platillo y todos sin haber sido nunca dominados.

El primero, para Esplá, tenía poquita fuerza y una embestida suavona que utilizó para seguir la muleta que el maestro de Alicante, con un terno naranja con incrustaciones azules, le presentaba sin gran afán lidiador. Faena ligerita sin transmisión que se saldó con un hondo silencio.


Pepín Liria

El segundo salió echando la manos por delante, pero se atemperó enseguida y empezó a tomar los engaños con dulzura, quizás excesiva para los seguidores de las ganaderías más fieras. Se dejó pegar muchísimos pases por Pepín Liria, que tuvo un comienzo de faena torero y extraordinario. El toro fue creciendo y Liria disminuyendo a medida que quedaba claro que el primero obedecía con fijeza y sin maldad los viajes de la muleta del matador. Silencio al finalizar para el murciano.

El tercero montó el lío en el caballo ayudado por el presidente y un poco de mala gana por Robleñó que pidió el cambio un par de veces después del segundo puyazo. Robleño terminó por ponerlo largo para que pasara eso que ya saben ustedes que pasó. Se lo cuento otra vez, resumido: la plaza de Las Ventas se emocionó con la bravura de un toro galopando por tercera vez hacia el caballo. Quiso más tarde comerse la muleta con fiereza y desbordó a Robleño que no pudo con su enemigo. Silencio.

Esplá cortó el viaje del cuarto con el capote, se inhibió de la lidia y se formó un follón nada habitual en el ruedo cuando el maestro está en la plaza. Con la muleta soportó un par de coladas y sin sentir el peso de la bronca, liquidó al segundo de su lote. Lo dicho: bronca.


Fernando Robleño

El quinto dobló las manos, pero no es lo mismo que caiga en la arena un toro cualquiera que uno encastado. El toro cualquiera se levanta con pesadumbre, esperando que nadie vaya a molestarlo más. El encastado, sin embargo, no tarda un segundo en ponerse sobre sus cuatro patas y en cuanto recupera el equilibrió ya está persguiendo al que se mueva. Así pasó, y este toro se comía los engaños con codicia, pero también con nobleza. Pepín Liria no le ganó la partida y el toro murió en el centro del platillo, fijo en la muleta y sin abrir ni un instante la boca. Silencio.

El sexto salió más parado y con tendencia a levantar la cabeza al final de cada pase. Peleó discretamente en el caballo y tuvo franqueza a pesar del defecto apuntado en el último tercio. Robleño fue diferente a si mismo en tantas tardes y no salió a la plaza con su arrojo habitual. El toro se impuso y Robleño, por primera vez en mucho tiempo, salió de Madrid sin oír sus aplausos. Silencio.

Cuando los de luces abandonaron el ruedo surgió una tímida ovación que premiaba el juego de los toros. El mayoral se dio por aludido y salió a saludar. El premio es excesivo, pero nos lleva a ese tercio de varas vibrante y emotivo. Ahora alguien debería ponerse a pensar porque no se ponen así al caballo todos los toros todas las tardes. A lo largo de la feria, estoy seguro, habríamos disfrutado mucho más.

Juan Pelegrín

Picadores Muy bien Marcial Rodríguez que aguantó el tirón de ese tercer toro con torería. Midió el castigo, puso los puyazos en su sitio y toreó a caballo. Recibió una ovación. Normal.  
Banderilleros Destacamos con gusto la actuación de Domingo Navarro, tercero de Esplá, que hizo dos qutes fantásticos (uno a cuerpo limpio) y estuvo siempre bien colocado y atento. Puso más que bien sus pares de banderillas. Aparte de este sensacional tercero, Carlos Casanova y "Ecijano II" cumplieron con la brillantez que en estos dos buenos banderilleros es habitual.


Las Ventas.com esta editado por:
Grupo 3J
Plaza Ciudad de Viena, 6, 3ª planta
28040 Madrid
España

http://www.grupo3j.com



Plaza de Toros de Las Ventas
c/ Alcalá, 237
28028 Madrid
España
Tf: 91 356 22 00