Martes, 31 de mayo de 2005
Corrida de toros
20ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
 
Cuatro toros de Miura y dos más devueltos. Dos sobreros de Puerto Frontino.
Nº 36, Fogata, megro entrepelado, 629, 12/00
Muy noble, pronto y con recorrido largo. Flojo. Aplausos.
Sobrero de Puerto Frontino
Nº 46, Galante, negro, 580, 9/99
Aplausos de salida. Manejable, que fue a menos durante la lidia. Descastado y mansito.
Sobrero de Puerto Frontino
Nº 47, Cartago, negro, 623, 4/00
Noble, embistió siempre a media altura.
Nº 21, Erizo, negro listón, 572, 12/00
Pasó varios minutos en el caballo en su primer encuentro. Su lidia estuvo muy condicionada por el estado del piso.
Nº 66, Lagañoso, salinero, 578, 3/01
Muy alto, sosote, pastueño, no humilló.
Nº 69, Señaladito, negro listón, 630, 2/01
Noble y pobre en el caballo.

Estocada desprendida
Silencio

Dos pinchazos y estocada
Silencio

Picadores David Prados y Jesús Vicente.
Banderilleros Ángel Luis Prados, Ramón Moya y Venancio Veneros.

José Ignacio Ramos

Estocada y cuatro descabellos
Saludos

Dos pinchazos y estocada
Saludos. Aviso.

Picadores Mario Herrero y Héctor Piña
Banderilleros Juan Carlos Ramos, Juan Carlos García y Juan Carlos Santos

Juan José Padilla

Estocada
Saludos

Media y estocada
Saludos

Picadores Justo Manuel Jaén y Antonio Núñez "Alventus"
Banderilleros Oscar Padilla, Manuel Soto y Jaime Padilla

Los toros del agua


El ruedo de Las Ventas

A partir del tercer toro cayó un intenso aguacero que marcó el desarrollo de toda la corrida. Los toros de Miura salieron justos de fuerza y manejables. Dos fueron devueltos. Padilla y José Ignacio Ramos saludaron a la muerte de sus toros.

Los toros del agua no son bravos ni mansos; no son fuertes ni flojos. Los toros del agua se resbalan en el barro, se sienten inseguros, se defienden y causan problemas que nunca se sabe si aparecerían sobre un piso seco y firme. Lo mismo da que los toros sean de Miura, Puerto Frontino o lo más escogido de la cabaña brava. Los toros que se lidian en las condiciones en las que estaba la arena de Las Ventas son un peligro que además no conlleva la posibilidad de triunfar.

Los toreros del agua, como los toros, tampoco están seguros en el ruedo. Los charcos calan sus manoletinas y sienten como la tierra, sin exagerar, se va moviendo bajo sus pies. Tienen, eso sí, un corazón que aguanta las tormentas mayores y salen a torear, a jugarse el tipo y la temporada con toros de enormes pitones que otros matadores, mucho más valorados, jamás verán; ni con el piso seco ni mojado.


Juan José Padilla

Padilla dio una lección de voluntad torera en una tarde de diluvio en la que siempre que pudo se hizo presente. Cuando el agua caía con fuerza descomunal cogió la muleta y se puso a darle pases a un sobrero cuajado y ofensivo de Puerto Frontino. Quizás se viera el toreo más templado del “Ciclón de Jerez” en todas sus visitas a esta plaza. Padilla entró a matar mientras el público buscaba un refugio en los vomitorios y algunos de los que se quedaron pidieron una oreja que no se concedió.

Luego se soltó el cuarto cuando el director de lidia pedía un poco de tiempo para ver como evolucionaba el temporal. Con el ruedo hecho una piscina, “El Fundi” mató lo mejor que pudo a uno de los miuras de una corrida que, en seco, podría haber mandado cualquier hierro de los que llamamos “comerciales”.


José Ignacio Ramos

Después se armó la bronca con anuncios cruzados por la megafonía. En tres minutos se suspendió la corrida y se volvió a reanudar gracias a la decisión de los toreros que no podian dejar pasar su única oportunidad. José Ignacio Ramos esquivó los derrotes que, por quedarse su enemigo corto, amenazaban sus femorales. Todo adquirió el carácter épico de las tardes con abundante precipitación y el burgales sólo se atascó en su punto fuerte: la suerte de matar.

Padilla echó las rodillas al suelo, llevó al toro al caballo galleando, se sentó en el estribo e hizo todo lo posible por agradecer a quienes se habían quedado su atención. No se le puede reprochar nada al jerezano, pues no es cuestión, con tantas dificultades, de poner una vara rígida para medir.


"El Fundi"

Antes del diluvio vimos un toro de Miura con estampa antigua y comportamiento moderno, extremadamente “toreable” y dejando un rastro de almibar por donde embestía. “El Fundi” debió de sorprenderse tanto que nunca consiguió el acoplamiento completo con él. Una pena, porque es uno de esos toros que dicen quienes matan estas corridas que nunca salen.

El primero de los miuras que correspondía a José Ignacio Ramos no se tenía en pie y le echaron un imponente sobrero de Puerto Frontino, ganadería de la familia Guardiola que cría reses procedentes de Villamarta. Ramos pasó algunas fatigas para quitárselo de encima y le endosó un estoconazo soberano un tanto perpendicular para terminar con su vida, aunque necesitó del refrendo del descabello.

Entre los toros, que eran el gran acontecimiento de la corrida, hay que recordar que el cuarto pasó varios minutos empujando al caballo en su primer puyazo bajo el agua. También que salieron toros con el particular aspecto de esta ganadería, pero ninguno con su legendaria fiereza. No sabemos que hubiera sido de la segunda mitad de la corrida en condiciones normales, pero de la primera las noticias no terminan de ser buena. Salvo por su aspecto, este hierro se asemeja cada vez más a los demás, con sus toros modernos, justitos de fuerza y casta.

Juan Pelegrín

Picadores Justo Manuel Jaén fue derribado sin consecuencias.  
Banderilleros En la tarde de los toreros banderilleros, los subalternos de a pie sólo se ocuparon de la brega salvo en el cuarto toro.


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