
Francisco Medina: “A mis
toros no les pongo ninguna pega”
Francisco Medina |
Más hablador que ninguno
salía de Las Ventas el ganadero Francisco
Medina, propietario del hierro de El Ventorrillo.
El juego de los seis utreros ha mantenido la atención
del público en el ruedo y él lo sabe. “La
novillada me ha gustado, estoy contento y se les ha podido
cortar las orejas pero las circunstancias no han rodado
a favor de lo toreros: el viento ha molestado y, a veces,
uno no se entiende con los toros”.
De todos, los que más
le han llenado como criador han sido: segundo, quinto (“que
ha sido bravo”) y sexto. Lo que más destaca
de su comportamiento es la movilidad, “la novillada
ha tenido mucho interés para la gente”,
asegura Medina. Su grado de satisfacción era tal
que, recién terminado el festejo, el ganadero no
le había encontrado defectos a los novillos: “A
mis toros no les pongo ninguna pega, ni siquiera las fuerzas.
Se han mantenido bien y han ido dos veces al caballo, eso
en otras plazas sería la leche. Pero no se les ha
lidiado bien y eso también hace mucho”,
concluye.
El más antiguo de
la terna, Santiago Ambel Posada, esperaba
mucho de la novillada. Él mismo lo confirmaba al
finalizar el festejo, añadiendo que su lote había
sido “imposible: el primero por su genio y el
segundo porque, con la lidia que le han hecho, no ha querido
embestir”.
El único en tocar
pelo ha sido Álvaro Justo. El premio
se lo ganó en el primer novillo, que tuvo “bastante
calidad y profundidad por el izquierdo”. El novillero
de Arganda confeccionó toda la faena por ese pitón,
casi de principio a fin, ya que “por el derecho
no tenía un pase, por ese lado se acostaba”.
Sin embargo, a Justo no le terminado de convencer la novillada:
“particularmente, no me ha gustado, no ha salido
ningún novillo que haya roto de verdad. Los ha habido
que se han dejado pero esperaba mucho más”,
explica.
Medio abierta la Puerta Grande
con una oreja del segundo en el esportón, a Alvaro
Justo le quedaba otra oportunidad con el quinto para terminar
de correr el cerrojo. Sin embargo, el novillo resultó
-según el diestro- “muy complicado, se
acostaba mucho y tenía muchos defectos”,
a los que sumar, además, el aire. “Ahora
no puedo hacer nada a toro pasado. Plantearme si le debería
haber toreado en otro terreno con menos viento no tiene
caso. Pero estoy contento porque me he sentido muy torero
por el pitón izquierdo y porque una oreja en Madrid
y en San Isidro es importante”, añade.
El debutante Sergio
Serrano, que a punto estuvo de cortarle una oreja
al sexto de no haber errado con la espada, se apresuraba
hacia el coche de cuadrillas con ojos llorosos, enrabietado
y sin ganas de cruzar palabra. Según el parte de
la enfermería Serrano llevaba un puntazo corrido
en la cara anterior del muslo izquierdo como consecuencia
de la cogida que sufrió durante la faena de muleta
al tercero de la tarde.
B. F. Pellicer
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