
Andanada del siete
Lo divertido de los
fans es observar sus reacciones ante cada
paso que da su torero. Por ejemplo, lo que ellos ven como
“!un estoconazo en su sitio!”…
otros más objetivos hablan de “estocada
trasera y caída”. Lo mismito, vamos. El
caso es que su lealtad puede llegar a inspirar ternura,
tanta, que hasta la elegante mujer de al lado les presta
su chal de seda y bordados para pedir la oreja de su ídolo.
La coquetería
femenina puede llegar hasta límites insospechados.
Algunas mujeres se trasladan a la plaza verdaderamente equipadas.
Además de los útiles necesarios –de
esos que luego provocan la envidia de los no precavidos,
como el paraguas, la almohadilla o el abanico- las hay que
convierten su bolso en un auténtico maletín
de la Señorita Pepis. Y lo usan… ¡en
mitad de la corrida, por supuesto!. La doña de mi
derecha se ha retocado los labios al menos cuatro veces
(rosa fucsia, por cierto), acicalado el pelo otra decena
más y –gracias a Dios- echado perfume sólo
en una ocasión. Lo suficiente como para que los de
alrededor salgamos de la plaza con efecto balsámico.
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