
Andanada del siete
Juan José
Trujillo le planta un par de banderillas al segundo
de la tarde muy bien visto por la afición. Comienzan
a sonar las palmas pero no con la intensidad suficiente
como para obligar al banderillero a saludar. Que sí,
que no…al final, con la venia de Salvador Vega, Trujillo
echa mano a la montera dispuesto a devolver el gesto pero
en eso que la ovación cesa de repente, dejándolo
a un tris de desmonterarse. “Eso es lo peor: que
te dejen a medias”, se lamenta un joven aficionado.
No se dio cuenta de que finalmente saludó pegadito
al burladero.
Salvador Vega no
acaba de convencer a los presentes con el pastueño
segundo, un toro noble y repetidor en la muleta que careció
de fuerzas pero con el que Vega podía haber estado
bastante mejor. Tal fue la decepción que el señor
que estaba sentado a mi derecha, en caso de haber sido su
padre, “lo habría castigado sin cena al
regresar a casa”.
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