Martes, 24 de mayo de 2005
Novillada con picadores
14ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Cinco novillos de Yerbabuena, uno más devuelto y un sobrero de El Cahoso
Nº 29, Equivocado, negro, 11/01, 524
Manso en el caballo, noble, pero sin codicia.
Nº 31, Informal, negro mulato, 9/01, 467
Pastueño y con la fuerza muy justa.
Sobrero de El Cahoso
Nº 15, Sorpreso, castaño, 483, 11/01
Salió suelto de los puyazos. Se paró pronto, justito de casta.
Nº 68, Tazón, negro zaíno, 10/01, 475
Descastado, pasó veinte veces por la muleta con dulzura.
Nº 51, Jardín, negro zaíno, 12/01, 534
Bravo. Buena pelea en varas y entregado en el último tercio, codicioso, repetidor y noble. Ovación.
Nº 43, Indeciso, negro mulato, 10/01, 469
Noble y dócil, pasó discretamente por el primer tercio.

Cuatro pinchazos, metisaca, pinchazo y estocada
Silencio. Aviso.

Estocada
Palmas

Picadores Tulio Salguero y Fco. Javier Bejarano
Banderilleros Álvaro Montes, Ismael Jiménez y Jesús Carvajal.

Estocada
Saludos. Aviso

Estocada y descabello
Oreja. Aviso.

Picadores Israel de Pedro y José Luis Muñoz
Banderilleros Félix Jesús Rodríguez, Pedro Calvo y José A. Maqueda

Tres pinchazos, estocada.
Silencio. Aviso.

Dos pinchazos y estocada
Silencio

Picadores Jorge González y Manuel Mazo
Banderilleros Niño de Belén, Juan Parra Palomo de Albacete" y Domingo Navarro

David Mora mató y toreó a la verónica


David Mora

David Mora corta una oreja a la novillada de Yerbabuena, que salió manejable para los toreros con un novillo magnífico, el quinto, ovacionado en el arrastre. Israel Lancho y Andrés González, que se presentaban, no lograron trofeo alguno.

David Mora toreó a la verónica y mató a sus dos novillos por arriba, sin apartarse un milímetro del camino recto. Parecen dos cosas sencillas, pero vista ya la mitad de la feria, no deben de serlo tanto. Lo de la verónica, sin ir más lejos, igual es la primera vez que lo vemos.

David Mora presentó el capote y cuando se arrancó el novillo –lo mismo da segundo que quinto- adelantó la pierna contraria. Sí, adelantó la pierna contraria; cargó la suerte, eso tan pasado de moda en el toreo de capote. Luego jugó bien los brazos y embarcó al novillo con buen aire, pero sólo lo de cargar la suerte, un gesto necesario que se está volviendo una reliquia arqueológica, merece un gran aplauso. Se lo llevó, claro.


Israel Lancho

Además, mató a los dos novillos con dos estocadas electricas, fulminantes, que sorprendieron a los animales indefensos. Se tiró las dos veces de verdad, con fe, el brazo por delante y la muleta fuerte abajo. Cobró dos espadazos fulminantes. Uno de ellos le dio la oreja que cortó al quinto y el otro le anduvo cerca con la del buen segundo.

Con la muleta no consiguió una actuación tan redonda. Con el bravo quinto se dejó ganar la pelea por la costumbre de llevar la franela a media altura cuando el novillo pedía -y admitía- mano baja. Empezó luciéndose en la primera tanda, pero enseguida se quedó al hilo y dejó de enseñar la muleta plana. La gran estocada y la abundancia de partidarios distribuidos por toda la plaza le otorgaron una oreja que se pidió más a la muerte de su primero.

Con éste, pastueño y dulce, anduvo un tanto insulso, sin hondura ni la personalidad que demostró con el percal. Hizo una faena larga en la que dejó algunos detalles de calidad y mató, como ya se ha subrayado, con gran verdad.


Andrés González

Israel Lancho es un torero alto, altísimo, verticalemente infinito. Tanta altura le da una superioridad enorme sobre los novillos que aprovechó para matar magníficamente al cuarto. Hasta entonces, aparte de la voluntad expresada, por ejemplo, en quites y galleos, casi nada. Lancho no se hizo con un novillo noblón y poco codicioso, ni con otro, el cuarto, que tuvo una docena de arrancadas facilonas antes de rajarse aburrido y tomar el camino de las tablas. Sufrió un enganchón absurdo por quedarse en una situación inverosimil en la misma cara del utrero al terminar un medio pase.

A Andrés González se le paró el primero de sus enemigos, respiró hondo y se dispuso a poner en práctica la herencia de su tío Dámaso. Parecía que lo estábamos viendo, cruzándose encogido, haciéndo el péndulo, arrimando los muslos a los pitones sin miedo; sólo le faltaba el corbatín desastrado. Segundas partes nunca fueron buenas, y la magia que tenía su tío en la muleta para arrancar veinte viajes del mulo más manso, no la ha heredado el sobrino, que debería apostar por otro tipo de toreo. El sexto, noble y obediente, habría permitido cualquier cosa, pero Andrés González no anduvo muy lúcido. Otro trasteo de larga duración que hizo, junto con los demás, que el festejo terminara casi a las nueve y media, cuando la noche ya caía sobre el ruedo de Las Ventas.

Juan Pelegrín

Picadores Nada especial en el trabajo de los motados.  
Banderilleros Sensacional Félix Jesús Rodríguez con el capote y las banderillas. Se desmonteró después de banderillear al quinto. Bien "El Niño de Belén" y "Palomo de Albacete" y los terceros Domingo Navarro (habitual aquí) y José Antonio Maqueda.



La tarde tras el objetivo


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