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Cuatro
toros de Valdefresno y dos de Fraile Mazas |
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| 1º |
Nº
106, Buscatriufos, negro, 509, 2/02
Extraordinariamente
noble y repetidor. Embistió humillado y
con dulzura siempre. Ovación. |
| 2º |
Nº
75, Buscador, negro, 526, 4/01
Muy
flojito, aunque noble en la embestida. |
| 3º |
De Fraile
Mazas
Nº 16, Pitito, negro, 554, 12/00
Mansito
y soso. |
| 4º |
Nº
114, Pontonero, negro, 556, 12/00
Francamente
manso. Busco refugio en las tablas con descaro. |
| 5º |
De Fraile
Mazas
Nº 12, Cigarrero, negro, 546, 2/01
Manso
también, un poco brusco en sus viajes. |
| 6º |
Nº
119, Mariposillo, negro, 524, 1/01
Otro
manso que huyó de los caballos. Tardo,
no repitió nunca. |
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Estocada
Saludos
Estocada
y tres descabellos
Silencio |
| Picadores |
Germán
González
y Juan A. García |
| Banderilleros |
Luis
Miguel Campano, Roberto Bermejo
y Pablo Ciprés |
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Estocada
defectuosa y dos descabellos
Silencio.
Aviso.
Estocada
desprendida
Silencio |
| Picadores |
Joé
Antonio Barroso y AGustín
Collado |
| Banderilleros |
Manuel
Rodríguez "El
Mangui", Álvaro
Oliver y Antonio Delgado |
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Estocada
Silencio
Metisaca
y estocada
Silencio |
| Picadores |
Manuel
Vicente y Francisco Tapia |
| Banderilleros |
Martín
Blanco, Jose Manuel Zamorano
y Juan Andrés Gonzalo. |
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Media verónica
de Uceda Leal |
Una promesa incumplida
Ninguno de los matadores
consiguió destacar con un encierro deslucido de Fraile
Mazas que sólo tuvo un toro bueno. Dos estocadas
de Uceda Leal y Eduardo Gallo quedaron como lo mejor de
una mala tarde.
Uceda Leal
se fundió con el primer toro, el 106, en una hermosa
media verónica. Se atrevió con un vistoso
quite por chicuelinas e inició minutos más
tarde su trasteo de muleta con toreros pases por bajo y
una tanda de derechazos lentos y largos a un toro noble
y boyante. La promesa de felicidad para los aficionados
se enunciaba ya en el ruedo cuando, en una sola serie, en
un solo pase, todo se vino abajo. La muleta tropezó,
Uceda se descolocó y terminó su faena de forma
simplemente aseada mientras el de Valdefresno se empeñaba
en dejar clara su bondad. Uceda Leal mató con una
buena estocada, como es su costumbre, y terminó con
el toro, con la tarde y con su feria.
José María
Manzanares |
Los ejemplares de Valdefresno
y su ganadería hermana, Fraile Mazas,
que vinieron después fueron todos mansos y cobardes.
El segundo, que le tocó a Manzanares,
aún conservó algo de nobleza que su poca fuerza
tampoco le dejó desarrollar. Manzanares, con un extraordinario
terno de tercipelo rojo y azabache, salió más
decidido que el día de su confirmación, pero,
salvó algún momento aislado en el que dejó
ver gotas de clase, la faena no dijo nada más allá
de sus dificultades para pisar terrenos comprometidos.
Eduardo Gallo
comenzó bien su trasteo con el tercero; pies quietos,
temple y hondura en los muletazos. El enemigo decidió
dimitir ante la que se le avecinaba y se dedicó a
pasar sin la mínima codicia por la franela. Gallo,
que sabe lo que quiere, siguió intentándolo
a ver si lo lograba un poco más tiempo del recomendable.
Se tiró con rectitud y cobró una buena estocada.
A Uceda se le rajó
el segundo toro al poco de salir por los chiqueros y no
pudo hacer casi nada. Lo persiguió dos o tres veces,
se cansó de correr tras él muleta en mano
y lo mató con otra estocada que necesitó del
refrendo de tres golpes de verduguillo para terminar con
la vida del manso.
Eduardo Gallo |
Manzanares y su cuadrilla
no anduvieron finos en la lidia del quinto, manso, por lo
que las posibles condiciones que tuviera el toro debieron
de empeorar. En el último tercio se levantó
un poco de viento, la gente se mosqueó y el matador,
con su precioso vestido, se aburrió dando medios
pases.
Salió Gallo con decisión
a por el sexto intentando el toreo a la verónica.
El de Valdefresno se fue suelto y huyendo de los puyazos
presagiando que nada bueno nos depararía el último
acto de la corrida. Así fue: Gallo trató de
encelar al toro en la muleta con poco éxito debido
en parte a la tardanza y la brusquedad de las embestidas
cuando llegaban. Otro poco de culpa debió de tener
la timidez con el que torero presentaba el engaño.
El público salió
pronto de la plaza, a las nueve, dos horas después
de que se abriera el portón de cuadrillas. No fue
una tarde buena, ni divertida, ni mucho menos emocionante.
La corrida salió mala, es verdad, pero se echó
de menos un poco más de arrojo por parte de los toreros.
Una única intervención en quites –del
más veterano- en dos horas de corrida es para pensárselo.
Hay tardes, tal vez como ésta, en que lo que le falta
a los toros han de ponerlo los toreros. La casta se demuestra
cuando no todo viene rodado.
Juan Pelegrín
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| Picadores |
Poquísimo
trabajo para los picadores de una corrida que recibió
un leve castigo. |
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| Banderilleros |
Nada brillante
entre las cuadrillas. Quizás se podría
destacar el temple de los capotazos de Luis Miguel Campano. |
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