Viernes, 20 de mayo de 2005
Corrida de toros
10ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Cuatro toros de Valdefresno y dos de Fraile Mazas
Nº 106, Buscatriufos, negro, 509, 2/02
Extraordinariamente noble y repetidor. Embistió humillado y con dulzura siempre. Ovación.
Nº 75, Buscador, negro, 526, 4/01
Muy flojito, aunque noble en la embestida.
De Fraile Mazas
Nº 16, Pitito, negro, 554, 12/00
Mansito y soso.
Nº 114, Pontonero, negro, 556, 12/00
Francamente manso. Busco refugio en las tablas con descaro.
De Fraile Mazas
Nº 12, Cigarrero, negro, 546, 2/01
Manso también, un poco brusco en sus viajes.
Nº 119, Mariposillo, negro, 524, 1/01
Otro manso que huyó de los caballos. Tardo, no repitió nunca.

Estocada
Saludos

Estocada y tres descabellos
Silencio

Picadores Germán González y Juan A. García
Banderilleros Luis Miguel Campano, Roberto Bermejo y Pablo Ciprés

Estocada defectuosa y dos descabellos
Silencio. Aviso.

Estocada desprendida
Silencio

Picadores Joé Antonio Barroso y AGustín Collado
Banderilleros Manuel Rodríguez "El Mangui", Álvaro Oliver y Antonio Delgado

Estocada
Silencio

Metisaca y estocada
Silencio

Picadores Manuel Vicente y Francisco Tapia
Banderilleros Martín Blanco, Jose Manuel Zamorano y Juan Andrés Gonzalo.


Media verónica de Uceda Leal

Una promesa incumplida

Ninguno de los matadores consiguió destacar con un encierro deslucido de Fraile Mazas que sólo tuvo un toro bueno. Dos estocadas de Uceda Leal y Eduardo Gallo quedaron como lo mejor de una mala tarde.

Uceda Leal se fundió con el primer toro, el 106, en una hermosa media verónica. Se atrevió con un vistoso quite por chicuelinas e inició minutos más tarde su trasteo de muleta con toreros pases por bajo y una tanda de derechazos lentos y largos a un toro noble y boyante. La promesa de felicidad para los aficionados se enunciaba ya en el ruedo cuando, en una sola serie, en un solo pase, todo se vino abajo. La muleta tropezó, Uceda se descolocó y terminó su faena de forma simplemente aseada mientras el de Valdefresno se empeñaba en dejar clara su bondad. Uceda Leal mató con una buena estocada, como es su costumbre, y terminó con el toro, con la tarde y con su feria.



José María Manzanares

Los ejemplares de Valdefresno y su ganadería hermana, Fraile Mazas, que vinieron después fueron todos mansos y cobardes. El segundo, que le tocó a Manzanares, aún conservó algo de nobleza que su poca fuerza tampoco le dejó desarrollar. Manzanares, con un extraordinario terno de tercipelo rojo y azabache, salió más decidido que el día de su confirmación, pero, salvó algún momento aislado en el que dejó ver gotas de clase, la faena no dijo nada más allá de sus dificultades para pisar terrenos comprometidos.

Eduardo Gallo comenzó bien su trasteo con el tercero; pies quietos, temple y hondura en los muletazos. El enemigo decidió dimitir ante la que se le avecinaba y se dedicó a pasar sin la mínima codicia por la franela. Gallo, que sabe lo que quiere, siguió intentándolo a ver si lo lograba un poco más tiempo del recomendable. Se tiró con rectitud y cobró una buena estocada.

A Uceda se le rajó el segundo toro al poco de salir por los chiqueros y no pudo hacer casi nada. Lo persiguió dos o tres veces, se cansó de correr tras él muleta en mano y lo mató con otra estocada que necesitó del refrendo de tres golpes de verduguillo para terminar con la vida del manso.


Eduardo Gallo

Manzanares y su cuadrilla no anduvieron finos en la lidia del quinto, manso, por lo que las posibles condiciones que tuviera el toro debieron de empeorar. En el último tercio se levantó un poco de viento, la gente se mosqueó y el matador, con su precioso vestido, se aburrió dando medios pases.

Salió Gallo con decisión a por el sexto intentando el toreo a la verónica. El de Valdefresno se fue suelto y huyendo de los puyazos presagiando que nada bueno nos depararía el último acto de la corrida. Así fue: Gallo trató de encelar al toro en la muleta con poco éxito debido en parte a la tardanza y la brusquedad de las embestidas cuando llegaban. Otro poco de culpa debió de tener la timidez con el que torero presentaba el engaño.

El público salió pronto de la plaza, a las nueve, dos horas después de que se abriera el portón de cuadrillas. No fue una tarde buena, ni divertida, ni mucho menos emocionante. La corrida salió mala, es verdad, pero se echó de menos un poco más de arrojo por parte de los toreros. Una única intervención en quites –del más veterano- en dos horas de corrida es para pensárselo. Hay tardes, tal vez como ésta, en que lo que le falta a los toros han de ponerlo los toreros. La casta se demuestra cuando no todo viene rodado.

Juan Pelegrín

Picadores Poquísimo trabajo para los picadores de una corrida que recibió un leve castigo.  
Banderilleros Nada brillante entre las cuadrillas. Quizás se podría destacar el temple de los capotazos de Luis Miguel Campano.



La tarde tras el objetivo


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