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Cinco
toros de Alcurrucén, uno más
devuelto. Un sobrero de Antonio López |
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| 1º |
Nº
171, Codicioso, colorado, 535, 4/01
Muy
soso. Sin casta. |
| 2º |
Nº
62, Afectuoso, castaño, 580, 10/00
Noble
y fijo en la muleta. Respondió a la distancia
que le dio su matador. Palmas. |
| 3º |
Sobrero
de Antonio López
Nº 1, Joconsillo, cárdeno bragado,
548, 11/99
Manso,
rajado. |
| 4º |
Nº
113, Tamborilero, tostado chorreado, 548, 10/01
Muy
noble. Un tanto parado y tardo. |
| 5º |
Nº
147, Barbudo, colorado bragado, 595, 4/00
Noble,
aunque manso y con la cara alta al final del muletazo.
Este defecto se le acentuó al final de
la faena. Palmas. |
| 6º |
Nº
58, Escritor, negro, 535, 1/01
Mirón
y con medio viaje. Manso, |
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Estocada
Oreja
Pinchazo
y estocada
Oreja
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| Picadores |
Luis
Miguel Leiro y Luis Manuel
Viloria |
| Banderilleros |
Gustavo
Adolfo García, Miguel
Cubero y david Saugar "Pirri" |
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Cuatro
pinchazos y estocada
Silencio
Tres
pinchazos y estocada
Dos
vueltas al ruedo |
| Picadores |
Luis
Alberto Parrón y José
Manuel Espinosa |
| Banderilleros |
"Jocho",
"Alcalareño"
y Julio López |
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Estocada
desprendida
Silencio
Pinchazo
y estocada
Saludos |
| Picadores |
Manuel
Vicente y Francisco Tapia |
| Banderilleros |
Martín
Blanco, Jose Manuel Zamorano
y Juan Andrés Gonzalo. |
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César Rincón a hombros
y “El Cid” vuelve a pinchar
a las puertas de la gloria

César Rincón |
César Rincón
sale por la Puerta Grande después de cortar una oreja
de cada uno de sus toros. “El Cid” estropea
con la espada una sensacional faena de dos orejas. Eduardo
Gallo confirmó la alternativa con el peor lote de
una corrida variada en el juego de Alcurrucén.
Emocionante. Los aficionados
que llenaron la Plaza de Las Ventas vivieron una emocionante
tarde de toreo. Llegaron los toreros serios, hechos al abrigo
de sus actos en el ruedo y la plaza crujió sincera,
alternando los olés pletóricos con los profundos
silencios. César Rincón dio
dos lecciones magistrales con dos toros muy distintos. Puede
que no fueran faenas perfectas, pero en lo hecho por César
Rincón se compendia buena parte del toreo eterno.
“El Cid” salió andando
de la plaza, pero llevó la felicidad completa a 23.800
almas. Es difícil torear mejor, sacar más
partido del toro que tenía delante. “El Cid”
y Rincón, dos toreros de una pieza, pusieron boca
abajo la plaza más dura del mundo, la más
cruel, la más antipática; eso dicen. Sólo
necesitaron que sus toros medio embistieran y recoger esos
viajes con la sabiduría que templa sus muletas. Tres
faenas sensacionales que construyeron, a la octava, la primera
gran tarde de toros de esta feria.
César Rincón
volvió a donde parecía imposible que volviera.
La Puerta Grande de Madrid se le abrió para premiar
su concepto del toreo. Esa forma de recoger los toros delante,
conducirlos enganchados a la muleta, soltarlos donde el
torero manda y dejar la franela presta para volver a empezar.
Lo hizo así en el segundo, ligando los pases, tirando
con poder del toro, conquistando al público, deseoso
de reencontrarse con uno de sus héroes. Mató
a la primera después de explicar algunas verdades
eternas del toreo.
"El Cid" |
El cuarto, paradito, tardo,
no parecía un toro para enloquecer, pero Rincón
tiró de capacidad, de buena colocación y cites
perfectos para exprimir a un oponente que parecía
que no existía. La plaza, loca, se rindió
a la seriedad del toreo de César, que enseñó,
para todos los jóvenes que la quieran aprender, otra
lección. Citó a recibir para culminar de modo
brillante su tarde, pero pinchó. Enterró la
espada al segundo intento. Inútil es ya perder el
tiempo cavilando sobre el valor de la oreja, porque la tiene
en el esportón y le abrió una Puerta Grande
que nadie puede discutir.
Y luego llegó “El
Cid”, después de estrellarse con un sobrero,
para rematar una tarde casi milagrosa, en la que nos reencontramos
con lo más hermoso de la fiesta. Dispuesto, enrabietado
y consciente de que, por su capacidad, es la mayor figura
actual del toreo, “El Cid” cuajó a un
toro manso de principio a fin. A pesar de que el de Alcurrrucén
afeaba los muletazos con su manía de llevar la cara
alta, “El Cid”, espoleado por su afición
que lo jaleaba, creció hasta recrearse en pases lentos
y templadísimos; soberbio. Empezó toreando
con la derecha y terminó cosiendo naturales hondos,
uno tras otro, que agotó cuando al toro ya no le
quedaba nada dentro. Se adornó con gallardía,
gustándose en pases por bajo profundos, que dejaron
al enemigo listo para la muerte. Ésta, traidora,
no acudió a la hora a la cita. “El Cid”
necesitó cuatro intentos para acertar con la espada.
Lo grande estaba hecho y el público lo animó
a dar la vuelta al ruedo cuando la rabia no quería
dejarlo salir del burladero. Dio una vuelta aclamado: ¡Torero!.
Otra más: ¡Torero, torero!.
Eduardo Gallo |
Y Eduardo Gallo,
en medio de este vendaval, confirmó la alternativa
con un toro soso. Ninguno de los dos dijo nada. Salió
caliente en el sexto, para no perder la partida. Asentó
las zapatillas en un quite por tafalleras y también
en sus intentos por encontrar algo lucido con la muleta.
No lo consiguió, pero no pasa nada. Ha sido testigo
de la actuación de dos maestros de la tauromaquia.
Si es inteligente, habrá tomado nota del camino que
lleva al éxito verdadero: muleta delante, mando,
hondura y sinceridad, sobre todo sinceridad. Rincón
y “El Cid” han demostrado que la tauromaquia
que vale es la añeja, la que va haciendo a los toreros
sin prisas, ajeno su crecimiento al de las alucinantes velocidades
del mercado. Eduardo: Rincón y “El Cid”
son el ejemplo.
Juan Pelegrín
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| Picadores |
Sin apuros
para los picadores en una corrida a la que no se le
pegó mucho. |
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| Banderilleros |
Lucieron
por encima de los demás "Jocho", Gustavo
Adolfo García y José Manuel Zamorano. |
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