Martes, 17 de mayo de 2005
Corrida de toros
7ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Seis toros de Garcigrande
Nº 26, Catavino, negro bragado salpicado, 522, 9/00
Noble, sin mucha fiereza. Sosito.
Nº 51, Boticario, negro, 523, 1/01
Manso, noble y con viveza cuando iba a favor de querencia.
Nº 68, Salvaje, castaño, 550, 10/00
Flojo y sin motor.
Nº 22, Riquitillo, negro, 508, 12/00
Muy cuidado en el caballo. Vivo, alegre y pronto al cite de largo. Pastueño. División de opiniones en el arrastre.
Nº 60, Serranito, negro bragado, 504, 10/00
Muy flojo.
Nº 87, Fermentado, negro, 541, 10/01
Se quedó sin fuerza para el último tercio.

Pinchazo y estocada desprendida
Silencio

Pinchazo y estocada desprendida
Saludos. Aviso.

Picadores Ismael Halcón y Juan Francisco Presumido
Banderilleros Manuel Montoya, Poli Romero y Jesús Arruga

Pinchazo y estocada baja.
Silencio

Pinchazo y media caída
Silencio

Picadores Jesús García y J. M. García "El Patillas"
Banderilleros Raúl Núñez, Juan José Trujillo y Fco. Javier Sánchez

Metisaca, estocada y descabello
Silencio. Aviso.

Estocada
Silencio

Picadores Joé Antonio Barroso y AGustín Collado
Banderilleros Manuel Rodríguez "El Mangui", Álvaro Oliver y Antonio Delgado

César Jiménez le dio distancia a un toro


César Jiménez

César Jiménez se llevó las mayores ovaciones de la tarde y perdió una oreja al pinchar al cuarto. José María Manzanares confirmó su alternativa sin éxito. Salvador Vega dio algunos lances buenos, pero no tuvo continuidad. Al encierro de Garcigrande le faltó fuerza para cumplir en el último tercio.

A eso de las ocho y diez, presente ya la amenaza de entrar sin remedio en una de esas tardes abúlicas de Las Ventas, César Jiménez se echó de rodillas a quince metros de un toro y empezaron a pasar cosas. Pasó que el toro galopó raudo y que Jiménez, fijo en la arena, le pegó cuatro derechazos templados. Cuando se levantó le dio más distancia todavía, el de Garcigrande, cuidado con exquisito mimo en el caballo, volvió a aceptar el reto con alegría y Jiménez, de nuevo, templó la amable embestida. La viveza del toro fijó, por fin, la atención de los espectadores en el ruedo, que jalearon los pases de César Jiménez. Cambió de mano, citó al natural y logró un par de ellos en los que las distancias se redujeron al tirar del buen toro hacia adentro. La intensidad de los olés subió, pero para entonces a “Riquitillo” se le estaban agotando las fuerzas. Terminó Jiménez con unas manoletinas muy aclamadas que le pusieron en la mano su primera oreja como matador en la Monumetal. Se tiró con fe y pinchó. “¡Oooh!”, exclamó parte de la cátedra, apenada, pues pensaba que el comportamiento del torero había merecido premio. Mató a la segunda y recibió una ovación sincera. Ahora, que es tan difícil ver a los toreros separarse para citar a los toros, se agradeció que Jiménez dejara ver a uno galopar.


José María Manzanares

Hasta entonces, poca cosa. La descarada corrida de Garcigrande llegó con muy poco gas al último tercio y los espadas vieron disminuidas sus oportunidades. Confirmó Manzanares con un toro muy noble, pero sin fiereza alguna. El confirmante, muy bien vestido de blanco y oro, corrió la mano con facilidad en un par de naturales que se perdieron en las excesivas distancias que hubo siempre entre toro y torero.

Jiménez anduvo fácil, frío y distante con el primero de su lote que no muy lejos de los chiqueros embistió con boyantía y escasa transmisión. Lo más significativo lo hizo César Jiménez, otra vez, con la mano izquierda.


Salvador Vega

Salvador Vega interpretó con pureza el toreo a la verónica; apenas movió las zapatillas, recogió delante y meció el percal con gusto ante un ejemplar de Garcigrande que se quedó con muy poquita movilidad para la faena de muleta. Vega se la presentó, esbozó una pequeña muestra de lo que debe ser su toreo y tuvo que entrar a matar. El quinto, para Vega, y el sexto, para Manzanares, salieron muy tocados de los encuentros con los caballos y sus matadores sólo pudieron aliñarlos con brevedad.

Juan Pelegrín

 

 

Picadores Sin incidencias importantes salvo los puyazos traseros (o muy traseros) de cada tarde.  
Banderilleros Manuel Montoya se desmonteró después de banderillear al cuarto.



La tarde tras el objetivo


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