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Un
toro de Joselito, tres de Martín
Arranz y dos de Sorando |
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| 1º |
De José
Miguel Arroyo
Nº 5, Aireado, colorado, 558, 12/00
Flojito,
manso y noble en extremo. Alegre en las arrancadas. |
| 2º |
De Martín
Arranz
Nº 58, Faja-rota, castaño, 521, 11/00
Manso,
flojo y también muy dulce. |
| 3º |
De Martín
Arranz
Nº 24, Fenomenal, Castaño, 492, 2/01
Manso
y pastueño. |
| 4º |
De Martín
Arranz
Nº112, Palenciano, colorado, 595, 4/01
Se
rajó enseguida debido a su mansedumbre. |
| 5º |
De Sorando
Nº 56, Fornillo, colorado, 513, 4/01
Descastado. |
| 6º |
De Sorando
Nº 32, Perlillo, negro bragado meano, 574,
2/01
Descastado
y peligroso. |
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Pinchazo
y estocada trasera
Palmas
Estocada
Silencio |
| Picadores |
Slavador
Núñez y Martín
del Olmo |
| Banderilleros |
José
Antonio Carretero, Alejandro
Escobar y Emilio Fernández
Hijo |
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Estocada
desprendida
Saludos.
Aviso.
Estocada
Silencio |
| Picadores |
Ismael
Halcón y Juan Francisco
Presumido |
| Banderilleros |
Manuel
Montoya, Poli Romero y Jesús
Arruga |
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Metisaca
y estocada baja
Silencio
Estocada
Silencio |
| Picadores |
Juan
Francisco Peña y Vicente
González |
| Banderilleros |
Luis Miguel Villalpando,
Carlos Ávila y Domingo
Valencia |
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César Jiménez confirmó
en una tarde gris de San Isidro
César Jiménez |
César Jiménez
confirmó la alternativa con el toro Aireado y saludó
a su muerte. Ninguno de los matadores pudo alcanzar el triunfo
en la corrida gris y monótona del día de San
Isidro.
No quiere el patrón
regalarle a Madrid una buena tarde en su día. Con
terca obstinación se empeña año tras
año en hacer fracasar todos los intentos de que los
madrileños, su pueblo, disfruten de una gran corrida
y salgan toreando de la Monumental. César
Palacios, castizo y madrileño, sospecha
que anda el santo mosqueado porque en la era de Internet
ya nadie va a la plaza vestido de chulapo. Puede ser, pero
si un cartel tan rematado como este no ha funcionado tiene
que haber algo más.
No creemos que el patrón
se haya enfadado por el vestido de torear que ha llevado
César Jiménez para confirmar
su doctorado. Atrás quedaron los tiempos del blanco
virginal rematado con lentejuelas doradas, privilegio exclusivo
de la profesión. Ahora, por ejemplo, se confirma
con un vestido azul cielo y plata que más se asemeja
al propio de un peón de brega que al de un matador
de campanillas. Así, los espectadores más
despistados sólo se enterarían de que César
Jiménez es matador cuando “El Juli”,
después del parlamento, pusiera en sus manos los
trastos de matar.
"El Juli" |
Con ellos se fue César
Jiménez derecho a brindarle el toro a sus padres;
tuvo que cruzar toda la plaza, pues se encontraban en la
barrera del cuatro. Luego volvió por el mismo camino
y se paró en el medio del anillo desde donde citó
al torete de “Joselito” con
la mano izquierda para torearlo al natural. El toro acudió
alegre, galopando inocente, con dulzura y sin maldad. Jiménez,
azul cielo y plata, lo embarcó y despidió
con ligereza en una primera tanda de cuatro pases. No había
que agobiar. La franela se vio tropezada en demasiadas ocasiones,
pero el público aplaudía contento. Le gustaba
la apostura del chaval que componía la figura, a
veces, recordando a quien es ahora su director artístico
y hoy ganadero, “Joselito”. El toro acometió
presto y Jiménez casi nunca se encontró con
él en el mismo sitio. Algunos chispazos y las ganas
que siempre tiene la gente de que pase algo le hicieron
salir a saludar.
Salió “El Juli”,
vestido de grana y oro, de matador, y anduvo muy seguro,
fácil y profesional con un ejemplar de Martín
Arranz noble en extremo. Toreó entre una notable
división de opiniones a la que respondió con
muchos naturales y un montón de derechazos. Pinchó
en su primer intento cuando la mitad o más de la
plaza estaba dispuesta a entregar su alma a cambio de una
oreja. La otra mitad, o menos, no habría dado nada.
Matías Tejela
toreó de forma muy parecida y le aplaudieron mucho
menos que a sus compañeros. Lo denunció una
voz del tendido y no le faltaba razón. De hecho,
los naturales más mandones los dio él en un
par de tandas templadas que de haber tenido continuidad
habrían encontrado mayor eco popular. Mató
mal.
Matías Tejela |
La segunda parte de la corrida,
como sucede con estas de tanta expectación frustrada,
tuvo mucho menos interés, pues cada actuación
pareció una copia mala de la anterior. “El
Juli” se encontró con un toro que se rajó
enseguida y que se coló un par de veces sin ofrecer
una embestida digna a cambio. César Jiménez
toreó el primero de los toros de Sorando que remendaron
el encierro sin posibilidad alguna de lucimiento. Brusco
el bruto, apagadito el torero, la pareja ofreció
un espectáculo insulso. Matías Tejela, para
terminar, abrevió después de una colada con
malas intenciones de otra res de Sorando a la que se castigó
de más en el caballo.
Tan solo algunos peones destacaron
en el ruedo. Fue el caso del soberbio Carretero
con el capote y las banderillas o de Manuel Montoya,
que consiguió capotazos largos y templados bregando
con el toro de la confirmación de alternativa. El
patrón, pues, los ayudo más a ellos, que son
grandes toreros vestidos de plata o azabache, de acuerdo
con su escalafón.
Juan Pelegrín
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| Picadores |
Poquísimo
trabajo para los montados en una tarde en que no se
castigó apenas a los toros. |
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| Banderilleros |
Muy bien,
como siempre, José Antonio Carretero. Otro habitual,
Manuel Montoya, lució con el capote. Villalpando,
veterano banderillero, bregó con tino y temple. |
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