Domingo, 15 de mayo de 2005
Corrida de toros
5ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Un toro de Joselito, tres de Martín Arranz y dos de Sorando
De José Miguel Arroyo
Nº 5, Aireado, colorado, 558, 12/00
Flojito, manso y noble en extremo. Alegre en las arrancadas.
De Martín Arranz
Nº 58, Faja-rota, castaño, 521, 11/00
Manso, flojo y también muy dulce.
De Martín Arranz
Nº 24, Fenomenal, Castaño, 492, 2/01
Manso y pastueño.
De Martín Arranz
Nº112, Palenciano, colorado, 595, 4/01
Se rajó enseguida debido a su mansedumbre.
De Sorando
Nº 56, Fornillo, colorado, 513, 4/01
Descastado.
De Sorando
Nº 32, Perlillo, negro bragado meano, 574, 2/01
Descastado y peligroso.

Pinchazo y estocada trasera
Palmas

Estocada
Silencio

Picadores Slavador Núñez y Martín del Olmo
Banderilleros José Antonio Carretero, Alejandro Escobar y Emilio Fernández Hijo

Estocada desprendida
Saludos. Aviso.

Estocada
Silencio

Picadores Ismael Halcón y Juan Francisco Presumido
Banderilleros Manuel Montoya, Poli Romero y Jesús Arruga

Metisaca y estocada baja
Silencio

Estocada
Silencio

Picadores Juan Francisco Peña y Vicente González
Banderilleros Luis Miguel Villalpando, Carlos Ávila y Domingo Valencia

César Jiménez confirmó
en una tarde gris de San Isidro


César Jiménez

César Jiménez confirmó la alternativa con el toro Aireado y saludó a su muerte. Ninguno de los matadores pudo alcanzar el triunfo en la corrida gris y monótona del día de San Isidro.

No quiere el patrón regalarle a Madrid una buena tarde en su día. Con terca obstinación se empeña año tras año en hacer fracasar todos los intentos de que los madrileños, su pueblo, disfruten de una gran corrida y salgan toreando de la Monumental. César Palacios, castizo y madrileño, sospecha que anda el santo mosqueado porque en la era de Internet ya nadie va a la plaza vestido de chulapo. Puede ser, pero si un cartel tan rematado como este no ha funcionado tiene que haber algo más.

No creemos que el patrón se haya enfadado por el vestido de torear que ha llevado César Jiménez para confirmar su doctorado. Atrás quedaron los tiempos del blanco virginal rematado con lentejuelas doradas, privilegio exclusivo de la profesión. Ahora, por ejemplo, se confirma con un vestido azul cielo y plata que más se asemeja al propio de un peón de brega que al de un matador de campanillas. Así, los espectadores más despistados sólo se enterarían de que César Jiménez es matador cuando “El Juli”, después del parlamento, pusiera en sus manos los trastos de matar.


"El Juli"

Con ellos se fue César Jiménez derecho a brindarle el toro a sus padres; tuvo que cruzar toda la plaza, pues se encontraban en la barrera del cuatro. Luego volvió por el mismo camino y se paró en el medio del anillo desde donde citó al torete de “Joselito” con la mano izquierda para torearlo al natural. El toro acudió alegre, galopando inocente, con dulzura y sin maldad. Jiménez, azul cielo y plata, lo embarcó y despidió con ligereza en una primera tanda de cuatro pases. No había que agobiar. La franela se vio tropezada en demasiadas ocasiones, pero el público aplaudía contento. Le gustaba la apostura del chaval que componía la figura, a veces, recordando a quien es ahora su director artístico y hoy ganadero, “Joselito”. El toro acometió presto y Jiménez casi nunca se encontró con él en el mismo sitio. Algunos chispazos y las ganas que siempre tiene la gente de que pase algo le hicieron salir a saludar.

Salió “El Juli”, vestido de grana y oro, de matador, y anduvo muy seguro, fácil y profesional con un ejemplar de Martín Arranz noble en extremo. Toreó entre una notable división de opiniones a la que respondió con muchos naturales y un montón de derechazos. Pinchó en su primer intento cuando la mitad o más de la plaza estaba dispuesta a entregar su alma a cambio de una oreja. La otra mitad, o menos, no habría dado nada.

Matías Tejela toreó de forma muy parecida y le aplaudieron mucho menos que a sus compañeros. Lo denunció una voz del tendido y no le faltaba razón. De hecho, los naturales más mandones los dio él en un par de tandas templadas que de haber tenido continuidad habrían encontrado mayor eco popular. Mató mal.


Matías Tejela

La segunda parte de la corrida, como sucede con estas de tanta expectación frustrada, tuvo mucho menos interés, pues cada actuación pareció una copia mala de la anterior. “El Juli” se encontró con un toro que se rajó enseguida y que se coló un par de veces sin ofrecer una embestida digna a cambio. César Jiménez toreó el primero de los toros de Sorando que remendaron el encierro sin posibilidad alguna de lucimiento. Brusco el bruto, apagadito el torero, la pareja ofreció un espectáculo insulso. Matías Tejela, para terminar, abrevió después de una colada con malas intenciones de otra res de Sorando a la que se castigó de más en el caballo.

Tan solo algunos peones destacaron en el ruedo. Fue el caso del soberbio Carretero con el capote y las banderillas o de Manuel Montoya, que consiguió capotazos largos y templados bregando con el toro de la confirmación de alternativa. El patrón, pues, los ayudo más a ellos, que son grandes toreros vestidos de plata o azabache, de acuerdo con su escalafón.

Juan Pelegrín

Picadores Poquísimo trabajo para los montados en una tarde en que no se castigó apenas a los toros.  
Banderilleros Muy bien, como siempre, José Antonio Carretero. Otro habitual, Manuel Montoya, lució con el capote. Villalpando, veterano banderillero, bregó con tino y temple.



La tarde tras el objetivo


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