

La Marquesa de la Vega
de Anzo vistió de amarillo
en el callejón |
Andanada del siete
Una feria sin Verónica
a dos localidades de distancia no es una feria. Verla como
un pincel, conjuntada de arriba abajo, día tras día
era lo más vistoso de la andanada. Desde este año
mi amiga vive en Lorca pero algunas tarde isidriles, como
hoy, nos anima con su presencia. Lo malo de ver a alguien
de pascuas a ramos es tener que resumir en dos horas la
vida de todo un año. La recapitulación, dura
de por sí, se hace interminable si el interlocutor,
es decir, mi amiga, no calla ni debajo del agua. Aún
así, mi comadre murciana es de lo mejorcito que uno
se puede encontrar en las alturas (y a ras de suelo, también).
Privarse de la presencia
de Verónica toda una feria es como privarle de “manolas”
a San Isidro el día de su celebración. Las
susodichas, castizas madrileñas que asisten a la
plaza ataviadas con los trajes típicos, no contaban
hoy entre sus filas con el inestimable apoyo de la Marquesa
de la Vega de Anzo, presidenta desde el principio
de los tiempos del archiconocido club “de las Majas
de Goya”. Estas sí que son amigas, como Verónica
y yo, sólo que a ellas la teja y la mantilla les
sienta infinitamente mejor de lo que nos caerían
a nosotras. Lástima que las siete majas que se divisaban
en el palcos no tuvieran más seguidoras de moda en
el resto del tendido. A lo mejor, la solución a no
perder estas bonitas tradiciones pasa por subvencionar el
disfraz y convocar el quince de mayo como “el día
mundial de las majas”. Por lo que tengo entendido,
la promoción de chulapos y chulapas en los colegios
madrileños ha tenido gran éxito con una medida
similar.

El alcalde pensativo. ¿Se acordará de
dónde aparcó? |
Y es que, en corridas
tan insulsas como la de hoy, lo verdaderamente entretenido
en la plaza es disfrazarse, cotillear catalejo en mano sobre
las disfrazadas o gritarle al alcalde: “Gallardón,
¿dónde has aparcado hoy?”.
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