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Serafín
Marín, torero comprometido con la Fiesta, lleva
tres saninsidros continuados cortando las
primeras orejas de cada feria. De seguir así
podría plantearse entrar en el libro Guinness,
aunque lo único que le preocupa a corto plazo
es que este trofeo “sirva para hacer una buena
temporada”.
Al sexto, cuando las
prisas rondan entre espectadores ávidos por
recoger sus bártulos y salir pitando al metro;
cuando lo acontecido de corrida hacía presagiar
que el final sería parecido al comienzo, es
decir, penoso, sucedió el milagro. “La
tarde nunca se da por perdida hasta que no sale el
último toro y se mata, siempre hay que esperar
al último momento”, recomienda acertadamente
el torero catalán a los aficionados. Buena
prueba de que las prisas no son buenas es la faena
al sexto. Los que se marcharon se quedarán
con la duda de si el último de La Cardenilla
tuvo tal o cual comportamiento. Aunque para los interesados
al respecto, Marín lo vio “muy difícil
y corretón, sin quedarse fijo en ningún
momento”. Se trató de un toro “que
se dejó hilvanar buenos muletazos por el pitón
derecho y al que había que llevarlo muy tapado
por los dos pitones, sin que viera un sólo
hueco para que no se viniera encima”.
Menos suerte con su
lote tuvo el salmantino Javier Valverde,
a quien correspondió un astado lidiado en quinto
lugar parado y peligroso: ”el segundo de
mi lote ha sido más complicado y sin fuerza,
le he tenido que aguantar un parón tras otro
y el público ha captado el peligro que tenia”.
A pesar de que con el anterior las cosas tampoco fueron
mucho mejor –el toro escaseaba de casta y de
fuerza según el propio diestro- , Valverde
se marcha satisfecho de Las Ventas gracias a sendas
“ovaciones que he salido a recoger del público.
Me queda la de Guardiola y tengo muchísimas
ganas de volver aquí otra vez”.
Serafín Marín |
Javier Valverde |
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