Jueves, 12 de mayo de 2005
Corrida de toros
2ª de la Feria de San Isidro
 
 
 
Cinco toros de Fermín Bohórquez y uno más devuelto. Un sobrero de Corbacho Grande.
Nº 29, Náufrago, negro, 609, 9/00
Descastado, suavón y con poco recorrido.
Nº 11, Lentiscal, negro, 591, 12/00
Mansito y pastueño.
Nº 94, Ocioso, negro, 535, 3/00
Peleó con bravura en el caballo y acudió con mucha fijeza a los quiotes. Un buen toro que terminó demasiado apagado.
Nº 75, Iluso, negro bragado, 546, 1/00
Quedó inmóvil en el último tercio.
Nº 48, Hilvanado, negro, 560, 1/00
Igual que el cuarto.
Sobrero de Corbacho Grande
Nº 4, Churrigui, negro mulato, 535, 11/00
Encastado, hizo una buena pelea en el primer tercio. Se orientó y se puso muy peligroso en la faena de muleta.

Dos pinchazos y estocada
Silencio

Pinchazo, estocada y descabello
Silencio

Picadores Anderson Murillo y Aurelio García
Banderilleros Alberto Martínez, Juan Rivera, Domingo Navarro

Estocada caída y tres descabellos
Palmas. Aviso.

Estocada caída
Silencio

Picadores Eugenio García, Manuel Mazo
Banderilleros "El Chano", Javier Palomeque, David Domínguez

Pinchazo y estocada
Silencio

Estocada
Silencio

Picadores Germán González y Juan A. García
Banderilleros Luis Miguel Campano, Roberto Bermejo y Pablo Ciprés

Floja tarde con el ganado de Bohórquez


Esplá jugando con el primer toro

Tarde muy deslucida por el pobre juego dado por el ganado de Fermín Bohórquez. Fernando Cepeda dio los únicos lances aplaudidos, Uceda no encontró el sitio con el mejor lote y Esplá apenas se empleó. “El Chano” saludó tras banderillear al quinto toro. Se devolvió al sexto.

Hay corridas complicadas de contar. Unas lo son porque los infinitos matices que aporta el toro bravo inducen a la duda. Algunas porque las profundas emociones vividas poco antes de sentarse a escribir no le dejan a uno pensar con claridad. Quedan las últimas, las que son como ésta, en las que ni siquiera se sabe por donde empezar, porque, en realidad, apenas hay algo que contar. Es parte del juego; lleva siendo así desde los inicios de la tauromaquía y hoy ha ocurrido una vez más.


Fernando Cepeda

Los toros de Bohórquez, flojos, sosos y ausentes del último tercio, no han dado apenas oportunidad para que los tres matadores que componían un bonito cartel lucieran sus cualidades. Luis Francisco Esplá cargó con el peor lote. Su primero se quedaba en mitad de los viajes, y eso, aunque no tenía el animal malas intenciones, llegó hasta a hacerlo peligroso en alguna ocasión. El maestro anduvo con él sobrado, fácil y breve. Lo aliñó y mató sonriendo y sin despeinarse. El segundo se quedó completamente inmóvil al final de un segundo tercio en el que persiguió a Esplá con cierta mala leche después de cada par. La brevedad fue máxima en este caso y en menos de dos minutos el toro doblaba mansamente junto a la puerta de los chiqueros. Cosas de su condición.

Antes de seguir con el cartel por orden de antigüedad, hay que detenerse un poco en el vestido de torear del maestro Esplá. De seda roja, llevaba incrustaciones, pasamanería, borlas y adornos del mismo color. Las originales hechuras de las hombreras o el corte único del chaleco completaban un terno que en esta larga tarde habrá dado mucho que hablar. Así vestido, Esplá sólo lució con los palos en su primero y con alguno de los detalles que hacen de él un torero particular.


Uceda Leal

Fernando Cepeda se encontró con un toro a modo, que embestía a medio gas; como se dice ahora, sin molestar. Quiso estirarse y le pegó tres o cuatro derechazos muy jaleados y también un natural. Poco más, porque el toro, pastueño y entregado, no tenía arrestos para continuar. Con el quinto siguió el camino marcado por Esplá y no pasó apenas tiempo en su cara antes de ir a buscar la espada de verdad.

El tercero galopó con gran fijeza siguiendo los capotes, empujó con los riñones y desplazó al caballo y, milagro, al llegar al último tercio conservaba algo de movilidad. Parecía el toro propicio para que Uceda Leal rompiera, pero algo debió de pasar para que un torero tan completo no se entendiera con un toro que tenía todo el aspecto de ser un dulce. Los pitones engancharon demasiado la muleta, Uceda rectifico terrenos en cada lance y sólo al final, cuando el morlaco se agotó, llegaron algunos naturales. La intensidad de la embestida había decaído tanto para entonces que los pases de Uceda Leal resultaron un ejercicio estilístico de trámite. El sexto, un sobrero hondo de la ganadería de Corbacho Grande, fue desarrollando peligro después de una interesante pelea con el caballo y unas primeras arrancadas vibrantes. Buscó con denuedo la taleguilla del torero y éste, sin miramientos, lo mató de una buena estocada.


"El Chano"

Nos queda para el final la mayor ovación que se oyó. Se la llevó, como ya ocurriera hace algunas semanas, un banderillero de lujo que en cuanto coge los palos se crece, se encampana como un toro consciente de su poder y se queda con la atención de toda la plaza. “El Chano” se cuadra con el toro, lo reta con la mirada, se le acerca y cuando el toro arranca para sacudirse al intruso, lo cuartea, saca los palos de abajo y asomándose con verdad al balcón se los clava en todo lo alto. El bovino no sabe por donde se los han puesto y “El Chano”, gallardo y chulesco, sale andando hasta la barrera, buscando ansioso el permiso de su jefe para saludar. Recibe la recompensa de la ovación, se desmontera, saluda y vuelve a su lugar, orgulloso por haber puesto otros dos pares sensacionales más. Sólo Dios o algún estadístico muy dedicado sabrán cuantos van ya.

Juan Pelegrín

Picadores Nada especialmente importante, pues a la corrida tampoco hubo que picarla demasiado.  
Banderilleros Buena actuación general de las cuadrillas entre las que destacaron, aparte de "El Chano", Roberto Bermejo y Luis Miguel Campano. Todos cumplieron bien con su trabajo y la lidia lo agradeció.



La tarde tras el objetivo


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