
FERNANDO
ROBLEÑO: "He salido a jugarme la vida"
Visiblemente más delgado
-no sabemos si por causa de un exceso de horas de entrenamiento
o por el trance de la corrida recién finalizada-
el matador de toros madrileño regresaba al hotel
con la conciencia tranquila por haberse jugado el pellejo
sin miramientos, pero también con la pena de no haber
rubricado con un premio mayor tanto esfuerzo.
Mientras Fernando Cepeda
era escoltado por su cuadrilla de los almohadillazos del
público y Uceda Leal recogía algunas palmas,
Fernando Robleño caminaba a paso
lento hacia el patio de cuadrillas para saborear la gran
ovación que los aficionados quisieron dedicarle a
la salida. Una ovación que pretendía reflejar
con semejante ímpetu la emoción vivida durante
las actuaciones del torero, en especial, la de la faena
al sexto de la tarde: "a este toro lo tenía
que haber cortado una oreja y se me ha ido", se
lamentaba. Robleño reconoce que el público
ha estado a su lado en todo momento, "he salido
a jugarme la vida y la gente lo ha visto así".
Según el torero, el
último ejemplar de Mª Olea, ovacionado en el
arrastre, "ha servido pero sin llegar a ser un
buen toro. El primer muletazo lo tomaba bien pero luego
rebañaba más que la mar. Lo he lucido porque
quería triunfar pero se ha visto que ha habido tres
o cuatro veces que casi me arroya". A punto de
cortar la única oreja del festejo, marró con
la espada y este error dio al traste con la ilusión
puesta en el empeño. "El toro se quería
ir para adentro todo el rato por lo que opté dos
veces por la suerte contraria, luego la cambié",
pero tardó en pasaportarlo y todo se quedó
en una gran ovación para Robleño y en el recuerdo
de su arrojo para el respetable.
B.F. Pellicer
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