Lunes, 2 de mayo de 2005
Corrida de toros goyesca
 
 
 
Dos toros de Conde de la Corte, dos de María Olea (otros dos devueltos).
Un sobrero de El Serrano y otro de Hnos. Domínguez Camacho
De María Olea
Nº 55, Mandón, negro, 2/01, 530
Descastado. Pitos.
Sobrero de El Serrano
Nº 62, Despreciado, negro, 585, 2/01
Muy flojo. Sólo pudo comportarse de forma defensiva por su debilidad. Pitos.
Del Conde de la Corte
Nº 121, Guardamontes, negro mulato, 12/00, 590
Se frenó en el capote. Empujó con los riñones antes de repucharse en el primer encuentro y se dejó pegar en el segundo. Poco franco en la muleta.
Del Conde de la Corte
Nº 123, Rompelindes, negro zaino, 1/01, 599
No se vio por la lidia de Fernando Cepeda. Desplazó muchos metros al caballo empujando con el pitón izquierdo. Se le pegó muy duro y salió suelto de cada puyazo.
Sobrero de Hnos. Domínguez Camacho
Nº 52, Verde-Melón, negro, 542, 1/00
Descastado. Pitos.
De María Olea
Nº 42, Ojogallo, negro bragado, 12/00, 586
Encastado, manso, con algo de genio. Tendía a quedarse a mitad del lance. Pronto en la respuesta al cite al que acudió de largo galopando.

Pinchazo y estocada baja
Silencio

Dos pinchazos y estocada caída
Bronca

Picadores Eugenio García, Manuel Mazo
Banderilleros "El Chano", Javier Palomeque, David Domínguez

Estocada
Palmas

Tres pinchazos
Silencio

Picadores G. Sánchez Barrera y Juan A. García
Banderilleros Luis Miguel Campano, J. Robledo y PablopCiprés

Dos pinchazos, estocada trasera y descabello
Palmas

Dos pinchazos y estocada baja
Saludos

Picadores Martín del Olmo y Marcial Rodríguez
Banderilleros Juan José Hidalgo, Carlos Hombrados y Domingo Navarro

La torería de Fernando Robleño


Fernando Robleño

Fernando Robleño se la juega con una decepcionante corrida del Conde de la Corte y pierde el triunfo por la espada. Uceda Leal toreó dos sobreros de mala condición y Fernando Cepeda apenas pasó del macheteo con los dos toros de su lote. “El Chano” levantó una tarde más al público en medio de una buena actuación general de las cuadrillas.

Fernando Robleño me conmueve. Así lo siento y así lo escribo. Me conmueve su honradez en el ruedo, su tesón, su valor y su torería. Su pequeña figura, que impresiona a buena parte del público, sin embargo, me es indiferente. Fernando Robleño se hace enorme, gigantesco, cuando se distancia de un toro traicionero para darle toda la ventaja o cuando se arrima como un demonio a unos pitones que anuncian una cornada segura. Pululan por las zonas nobles del escalafón un buen número de toreros que apenas han protagonizado hechos de honor en Las Ventas; Fernando Robleño lo hace cada vez que pisa la arena de la Monumental y difícilmente encuentra una recompensa mayor que la de entrar en las corridas más duras de cada feria, esas a los que los más capaces, los ases de la torería, nunca se asoman. Esta tarde, una vez más, se ha jugado la vida en su empeño loco por contravenir las reglas que ordenan el escalafón. La espada, maldita espada, le ha cerrado la puerta del éxito y hará que desde esta misma noche empiece otra vez su lucha desde cero, desde la nada, como si nunca se hubiera portado como un héroe en Las Ventas.


Estocada de Uceda Leal a su primero

La noche caía y Robleño citó desde veinte metros a un torazo encastado e incierto de María Olea. Aguantó la acometida del tren, fijó las plantas, adelantó la muleta y dio tres derechazos más. La tensión que había faltado durante toda la corrida, por fin, llegó. Intentó repetir con suerte dispar con las dos manos. El toro acudía con alegría, galopando desde lejos, tomaba el segundo protestando y se negaba obstinado al tercero, del que Robleño tenía que salir por pies. El matador cambió de táctica y alejándose cada vez, administró una tanda de derechazos por unidades emotiva, con el riesgo presente en cada lance. Se dio el lujo de adornarse en algunos pases por bajo y montó la espada para entrar a matar, para rubricar el triunfo. Se tiró de verdad; una, dos y hasta tres veces. La mala suerte hizo que el acero no entrara y todo el esfuerzo se diluyó en un segundo. La gente hablará unos pocos minutos del valor de este chico, de la casta que tiene, pero en las ferias, con o sin clavel, con su copa en el tendido de sombra o con gorrilla en el de sol, acudirán en masa y disputarán en la reventa para ver a toreros que jamás los emocionarán. Robleño salió de la plaza demacrado, exhausto, derrotado y dispuesto a una nueva batalla la próxima vez que se vista de luces.


"El Chano" citando al cuarto toro

El resto de la corrida no tuvo mucha historia. Los toros del Conde salían de los chiqueros gallardos, arrogantes, con irreprochable figura, pero la casta no los acompañaba. Tampoco de fuerzas andaban muy sobrados. Tanto es así, que Uceda Leal tuvo que lidiar –es un decir- dos sobreros que tampoco sirvieron para nada. Presentó la muleta en más ocasiones de las que las condiciones de los toros aguantaban y sólo la estocada certera con la que mató a su primero salvó su actuación.

A Fernando Cepeda, que no iba a la guerra con un toro en sus años mozos, no vamos a pedírselo ahora. El de Gines vio enseguida que ninguno de los dos toros cornalones era “su toro” y se deshizo de ellos con toda la celeridad que pudo, que, por su desconfianza en el uso del acero, no fue mucha. La plaza le dedicó una sonora pita, pero buena parte de ella lo seguirá esperando.

“El Chano”, como acostumbra, dejó sus dos pares sensacionales de rigor y recogió la ovación saludando desde las rayas. Este hombre es un torero cabal y en la corrida goyesca del día de la Comunidad fue el único que portó una redecilla de madroños de color rojo encendido que hacía, si cabe, más visible su torerísima figura.

Juan Pelegrín

Picadores Nada que destacar en la actuación de los picadores.  
Banderilleros Buena tarde para los banderilleros entre los que destacó, como ya se ha dicho, "El Chano". Robledo, de la cuadrilla de Uceda, puso un par sensacional y anduvo muy bien con el capote, lo mismo que Campano. Juan José Hidalgo, Carlos Hombrados y Palomeque también consiguieron pares logrados y bregaron con acierto. Pablo Ciprés, tercero de Uceda, acertó con las banderillas. Mención especial, como ya se ha hecho otras veces, para Domingo Navarro, tercero de Robleño, que es una garantía por su colocación, su habilidad en el segundo tercio y su oportunidad para el quite.




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