Domingo, 1 de mayo de 2005
Novillada con picadores
 
 
 
Seis novillos
de María Luisa Domínguez
Nº 10, Chicharrón, negro, 5/01, 463
Muy flojo. Tuvo un comportamiento extraño desde la salida. Pitos.
Nº 59, Picador, negro, 8/01, 478
Derribó en un puyazo tomado al relance en terrenos del cuatro. Se quedó encelado en el peto en el segundo encuentro. Pastueño y un poco a menos en una faena larga. Palmas.
Nº 5, Serranito, negro, 5/01, 487
Precioso novillo que se comportó con nobleza después de entregarse empujando con los riñones en el primer tercio, donde recibió un castigo exagerado.
Nº 6, Fumador, negro, 5/01, 456
Demasiado flojo. Pitos.
Nº 53, Botito, negro, 8/01, 468
Mansito, tardo en el caballo y gazapón en el último tercio.
Nº 89, Nariz-Chata, negro, 8/01, 460
Se rompió mucho en el caballo en dos puyazos en los que lo colocaron mal. Encastado, con cierto sentido.

Tres pinchazos, estocada y diez descabellos
Silencio. Dos avisos

Dos pinchazos, uno hondo y dos descabellos
Silencio

Picadores Pepe Aguado y Antonio Amo
Banderilleros Curro de la Rosa, Roberto Ortega y Miguel ÁNgel Viana

Dos pinchazos y estocada
Silencio. Aviso

Nueve pinchazos, estocada baja y dos descabellos
Silencio

Picadores Miguel Ángel Muñoz y Santiago Chamorro.
Banderilleros Rafael Valenzuela, Rafael Cuesta y Manuel Múñoz.

Estocada caída y atravesada y descabellos
Silencio. Aviso

Dos pinchazos, otro hondo y cuatro descabellos
Silencio. Aviso

Picadores José A. Fernández y David Prados Martín
Banderilleros Jesús Benito Cruz, Fernando Galindo, Niño de Santa Rita

Tarde desangelada con los pedrajas
de Doña María Luisa


Ismael López entre los pitones del sexto

En la segunda de la Miniferia de la Comunidad se lidió un bonito encierro de María Luisa Domínguez que desarrolló un juego desigual. Ismael López se fajó con el sexto después de ser volteado y oyó las únicas palmas de la tarde. Caro Gil no anduvo entonado e Iván Fandiño tuvo una pésima suerte con su lote.

Un poco más de dos horas fueron necesarias para que el personal –aficionados, público y turistas- apartara sus conversaciones sobre el balompié y atendiera a lo que sucedía en el ruedo. Transcurría la lidia del sexto, el inicio de la faena de muleta y al último novillo del encierro de los pedrajas de María Luisa Domínguez, se le ocurrió saltarse el guión. Atropelló a Ismael López, lo encunó y, por fortuna, lo mandó de vuelta al suelo sin haber herido al muchacho. Éste, enrabietado, se acordó de tratar de plantar las zapatillas en la arena para ligar las suertes y la atención, cómo no, se fijo en la arena. Unas veces consiguió su propósito, las más toreando con la diestra; otras no, casi todas al natural, pero Ismael López trató de conducir con valentía y cierto sentido las embestidas de un utrero que, lejos de ser un barrabás, sólo cometió el pecado de no dejar sin castigo los errores en el cite o la colocación. Un par de veces más anduvo Ismael López cerca de verse levantado del suelo. Como quiera que el novillero había lucido en un meritorio quite por chicuelinas, había expuesto en los estatuarios del comienzo de la faena y se le advirtieron las ganas, el público deseaba que metiera la espada a la primera antes de que, como pasó, se hartara de pinchar en hueso. La labor de más interés de esta tarde desangelada quedó, pues, sin premio.


Caro Gil toreando a la verónica

Diferente fue la actuación de Ismael López con el tercero, que era aquello que los taurinos, poniendo acento andaluz, guiñando los dos ojos a la vez y frunciendo el entrecejo llaman “un taco”. Se rompió en una pelea de bravo en el caballo mientras su lidiador, impasible, presenciaba como desde lo alto del caballo un picador lo dejaba casi listo para la cazuela. El toro –cumplía cuatro años en este mismo mes- acusó el destrozo y se quedó sosito y paradito. López se entretuvo dando pases con poca intensidad durante un largo rato.

Caro Gil tuvo en sus manos el novillo que mejor llegó al último tercio después de hacer, también, una buena pelea en varas. Dio muchos pases, sobre todo con la derecha, pero se empeñó en no dejar nunca la muleta puesta. Cuando las tandas ganaban en interés, Caro Gil quitaba el trapo, daba tres o cuatro pasitos y vuelta a empezar. El novillo pareció ideal para un triunfo sin agobios.


Un quite de Iván Fandiño

Recibió al quinto con unas verónicas de corte similar a las que dio en el segundo, cogiendo el capote con las manos muy separadas, de lo que resulta una estética muy particular. El de María Luisa Domínguez se quedó gazapón para la muleta, pidiendo la aplicación de los recursos necesarios para solucionar el problema. Caro Gil quiso ponerse directamente a torear y no hizo más que andar para atrás tratando de encontrar la distancia en la que el novillo se parara. No lo consiguió, se hartó y, aburrido, cogió el estoque de verdad.

A Iván Fandiño no podemos decir que lo hayamos visto. Sabemos que compareció con un terno rosa muy pálido y oro, que hizo el paseíllo, que pareció tener valor en un par de quites estáticos y variados, pero poco más. Su lote representó la excepción de ese dicho tan taurino que empieza a pasar de moda: “cada toro tiene su lidia”. Los dos que le cayeron a Fandiño, no: era imposible mantenerlos en pie.

Juan Pelegrín

Picadores Algunos picadores se excedieron en el castigo. Seguimos sin entender para qué se ponen los toros dos o más veces en el caballo si en el primer puyazo ya les dan cera para todos los viajes. Es una forma absurda de quebrantar por sistema a todos los toros o novillos.  
Banderilleros A tono con la tarde, no han tenido una gran actuación. Sobresalió la profesionalidad de Fernando Galindo y un par brillante de Rafael Cuesta.




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