Durán, el monosabio más atento de
la plaza, volvió a jugársela al colear
a un novillo que se había encelado con un
caballo derribado. Nadie vela más que él
por la integridad de los nobles equinos.
Ismael López consiguió la faena más
interesante, a costa de un revolcón del que
sólo salió con el precioso traje que
lució manchado de sangre. Dio pases bueno,
pero la faena no tuvo continuidad.
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