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Seis
novillos de Guadaira |
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| 1º |
Nº
44, Tramposo, negro, 466, 12/01
Apretó
fijo y con la cabeza abajo en los caballos. Noble,
incluso dulce en el último tercio. Aplausos. |
| 2º |
Nº
28, Ofendido, negro, 511, 12/01
Magnífico
en el primer tercio, donde desplazó al
caballo en los dos puyazos que tomó. Fue
muy quebrantado por un duro castigo, pero tomó
la muleta con extraordinaria nobleza y siempre
repitiendo. Aplausos. |
| 3º |
Nº
38, Malicioso, negro, 473, 12/01
Se
repuchó en el peto y se quedó mirón.
Buscó por encima de los engaños
y arreó. Se dolió en banderillas.
Manso. |
| 4º |
Nº
52, Lascivo, negro, 460, 11/01
Buen
novillo para la muleta, que manseó un tanto
en los caballos, haciendo sonar los estribos.
En el último tercio, repitió pastueño. |
| 5º |
Nº
16, Librero, negro bragado, 466, 11/01
Tomó
un buen primer puyazo y un segundo más
discreto. Codicioso, noble e incansable en sus
embestidas. Ovación. |
| 6º |
Nº
34, Lebrijano, negro bragado meano, 483, 12/01
Manseó
en el primer tercio, saliendo suelto de los puyazos.
Quedó dócil para la muleta. Aplausos. |
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Estocada
Silencio
Estocada
desprendida y descabello
Saludos
tras aviso |
| Picadores |
Antonio
Coloma y Juan Charcos |
| Banderilleros |
Juan
Carlos Ruiz, Felipe González
y Manuel García Seco |
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Pinchazo
y dos descabellos
Silencio
tras aviso
Estocada
y tres descabellos
Vuelta
tras aviso |
| Picadores |
Francisco
María y Antonio Carrasco. |
| Banderilleros |
José
Luis Carmona, Julio Campano
y Manuel Martínez "El
Chispa" |
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Estocada
desprendida
Silencio
Dos
pinchazos y estocada
Silencio
tras aviso |
| Picadores |
Juan
Gautier e Israel de Pedro |
| Banderilleros |
Francisco
Dávila, Jesús
Montes y Fco. Javier Cabas. |
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Magníficos
novillos y un gran vendaval
Uno de los novillos
de Guadaira |
La excelente novillada
de Guadaira se ha visto deslucida por el viento, que ha
soplado con fuerza durante todo el festejo. Andrés
Palacios dio una vuelta al ruedo a la muerte del quinto.
Fran Moreno saludó a la muerte del cuarto y Curro
Reyes tuvo enfrente el lote más complicado.
Los capotes volaron en cuanto
el paseíllo se rompió y los toreros, los de
oro y los de plata, cambiaron la seda por el percal. Las
pesadas telas escapaban del control de las manos de quienes,
presagiando una incómoda tarde, miraban sin mucha
esperanza a las banderas, por si estas se echaran a reposar
sobre sus mástiles. No se dio tal caso, y el festejo
completo se llevó a cabo bajo la nefasta influencia
de un vendaval cruel y antitaurino que congeló al
público y se llevó lejos, muy lejos, las ilusiones
de tres novilleros.
Ajenos a los elementos, los
novillos de Guadaira se esforzaron por cumplir su labor.
El viento también tapó lo que en una jornada
más apacible habría sido un encierro de esos
que dicen de lío gordo. Algunos apretaron con firmeza
en el caballo; el segundo, por ejemplo, desplazó
varios metros al penco, su armadura y todos los kilos del
picador. Lo hizo en dos encuentros de toro bravo que enaltecen
a una ganadería. En el último tercio, todos,
con la excepción del tercero, siguieron incansables
las muletas que el viento se empeñaba en zarandear.
El hierro de Guadaira tomó antigüedad con brillo,
honores y casta.
Fran Moreno iniciando
su faena de muleta al cuarto |
Fran Moreno, como más
tarde sus compañeros, sufrió la imposibilidad
de controlar los trapos y perdió la oportunidad de
aprovechar un lote de escándalo. Anduvo firme, con
ganas, derrochando voluntad y a la deriva, buscando terrenos
en los que torear. Desde el tendido, múltiples doctores
en tauromaquia ofrecían sus consejos al joven torero:
“Vete al 1, ¿no lo ves?”. Y allá
que iba Fran Moreno, a encontrarse con furiosos remolinos.
“Qué no, chaval, que es en el 6”. Fran
Moreno cruzaba la plaza y al llegar al 6 un huracán
le echaba del sitio sin contemplaciones. Y así hasta
que, desesperado y compungido, no le quedó más
alternativa, apremiado por el tiempo, que entrar a matar.
Andrés Palacios |
Andrés Palacios, siempre
pegadito a las tablas, reprodujo el guión del torero
que le precedió. Se esforzó por dominar al
viento y al magnífico segundo novillo a la vez, sin
llegar al éxito completo en ninguna de las dos tareas.
Cosa distinta sería con el quinto, otro utrero de
lujo, con el que consiguió el milagro del natural.
Fue sólo dos veces, pero la bamba de la muleta, a
la que Eolo ofreció un breve descanso, enganchó
en un natural infinito y hondo el hocico del novillo, que
se moría por embestir. Repitió una vez más
y la afición, sufriendo un frío creciente,
se atrevió a soñar. El resto de la faena discurrió
por esa estrecha senda que separa el éxito de la
indiferencia. Llegaron algunos buenos momentos más,
pero no la magia del natural. Mató de una estocada,
el novillo cayó, y cuando Palacios ya llegaba al
burladero para recoger la ovación, se levantó,
resucitó el tiempo justo para estropear la fiesta
del novillero, que de tener una oreja casi en la mano, pasó
a necesitar tres golpes de verduguillo para terminar con
la noble vida del buen novillo.
Curro Reyes |
Curro Reyes se hizo presente
en el momento en el que el temporal arreció y se
midió con el ejemplar más complicado de los
seis. “Malicioso”, que así se llamaba
el torito, buscó por encima de los capotes y arreó
sin control cada vez que alguien vestido de luces se le
enfrentaba. La poca fe en las telas y la mala condición
del enemigo, hicieron imposible el lucimiento del ecuatoriano.
Con el sexto, mansito, pero dócil, se soltó
en algunos momentos y consiguió pases estimables,
unas veces al natural, otras interpretando el derechazo.
La confianza que fue adquiriendo le hizo pasar en la cara
del novillo más tiempo del aconsejable.
Unos aficionados con buena
memoria dejaron flores en la localidad desde la que ejerció
su cátedra el maestro Joaquín Vidal. Querían
homenajearlo, como cada año, en el tercer aniversario
de su muerte. Su pluma habría encontrado una forma
sublime de hacernos llegar las desventuras de los novilleros
acosados por el temible temporal. Mañana, una vez
más, le echaremos de menos en los papeles. Maestro,
desde aquí, pongo mi flor en su localidad.
Juan Pelegrín
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| Picadores |
Poco interesante
en la actuación de los picadores. No demostraron
gran puntería con ninguno de los novillos. |
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| Banderilleros |
El viento
también frustró gran parte de las intervenciones
de los banderilleros, que anduvieron más preocupados
de controlar sus capotes que de lucirse. Julio Campano
destacó con los palos, lo mismo que Juan Carlos
Ruiz. |
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