Domingo, 10 de abril de 2005
Novillada con picadores
 
 
Seis novillos de Guadaira
Nº 44, Tramposo, negro, 466, 12/01
Apretó fijo y con la cabeza abajo en los caballos. Noble, incluso dulce en el último tercio. Aplausos.
Nº 28, Ofendido, negro, 511, 12/01
Magnífico en el primer tercio, donde desplazó al caballo en los dos puyazos que tomó. Fue muy quebrantado por un duro castigo, pero tomó la muleta con extraordinaria nobleza y siempre repitiendo. Aplausos.
Nº 38, Malicioso, negro, 473, 12/01
Se repuchó en el peto y se quedó mirón. Buscó por encima de los engaños y arreó. Se dolió en banderillas. Manso.
Nº 52, Lascivo, negro, 460, 11/01
Buen novillo para la muleta, que manseó un tanto en los caballos, haciendo sonar los estribos. En el último tercio, repitió pastueño.
Nº 16, Librero, negro bragado, 466, 11/01
Tomó un buen primer puyazo y un segundo más discreto. Codicioso, noble e incansable en sus embestidas. Ovación.
Nº 34, Lebrijano, negro bragado meano, 483, 12/01
Manseó en el primer tercio, saliendo suelto de los puyazos. Quedó dócil para la muleta. Aplausos.

Estocada
Silencio

Estocada desprendida y descabello
Saludos tras aviso

Picadores Antonio Coloma y Juan Charcos
Banderilleros Juan Carlos Ruiz, Felipe González y Manuel García Seco

Pinchazo y dos descabellos
Silencio tras aviso

Estocada y tres descabellos
Vuelta tras aviso

Picadores Francisco María y Antonio Carrasco.
Banderilleros José Luis Carmona, Julio Campano y Manuel Martínez "El Chispa"

Estocada desprendida
Silencio

Dos pinchazos y estocada
Silencio tras aviso

Picadores Juan Gautier e Israel de Pedro
Banderilleros Francisco Dávila, Jesús Montes y Fco. Javier Cabas.

Magníficos novillos y un gran vendaval


Uno de los novillos de Guadaira

La excelente novillada de Guadaira se ha visto deslucida por el viento, que ha soplado con fuerza durante todo el festejo. Andrés Palacios dio una vuelta al ruedo a la muerte del quinto. Fran Moreno saludó a la muerte del cuarto y Curro Reyes tuvo enfrente el lote más complicado.

Los capotes volaron en cuanto el paseíllo se rompió y los toreros, los de oro y los de plata, cambiaron la seda por el percal. Las pesadas telas escapaban del control de las manos de quienes, presagiando una incómoda tarde, miraban sin mucha esperanza a las banderas, por si estas se echaran a reposar sobre sus mástiles. No se dio tal caso, y el festejo completo se llevó a cabo bajo la nefasta influencia de un vendaval cruel y antitaurino que congeló al público y se llevó lejos, muy lejos, las ilusiones de tres novilleros.

Ajenos a los elementos, los novillos de Guadaira se esforzaron por cumplir su labor. El viento también tapó lo que en una jornada más apacible habría sido un encierro de esos que dicen de lío gordo. Algunos apretaron con firmeza en el caballo; el segundo, por ejemplo, desplazó varios metros al penco, su armadura y todos los kilos del picador. Lo hizo en dos encuentros de toro bravo que enaltecen a una ganadería. En el último tercio, todos, con la excepción del tercero, siguieron incansables las muletas que el viento se empeñaba en zarandear. El hierro de Guadaira tomó antigüedad con brillo, honores y casta.


Fran Moreno iniciando su faena de muleta al cuarto

Fran Moreno, como más tarde sus compañeros, sufrió la imposibilidad de controlar los trapos y perdió la oportunidad de aprovechar un lote de escándalo. Anduvo firme, con ganas, derrochando voluntad y a la deriva, buscando terrenos en los que torear. Desde el tendido, múltiples doctores en tauromaquia ofrecían sus consejos al joven torero: “Vete al 1, ¿no lo ves?”. Y allá que iba Fran Moreno, a encontrarse con furiosos remolinos. “Qué no, chaval, que es en el 6”. Fran Moreno cruzaba la plaza y al llegar al 6 un huracán le echaba del sitio sin contemplaciones. Y así hasta que, desesperado y compungido, no le quedó más alternativa, apremiado por el tiempo, que entrar a matar.


Andrés Palacios

Andrés Palacios, siempre pegadito a las tablas, reprodujo el guión del torero que le precedió. Se esforzó por dominar al viento y al magnífico segundo novillo a la vez, sin llegar al éxito completo en ninguna de las dos tareas. Cosa distinta sería con el quinto, otro utrero de lujo, con el que consiguió el milagro del natural. Fue sólo dos veces, pero la bamba de la muleta, a la que Eolo ofreció un breve descanso, enganchó en un natural infinito y hondo el hocico del novillo, que se moría por embestir. Repitió una vez más y la afición, sufriendo un frío creciente, se atrevió a soñar. El resto de la faena discurrió por esa estrecha senda que separa el éxito de la indiferencia. Llegaron algunos buenos momentos más, pero no la magia del natural. Mató de una estocada, el novillo cayó, y cuando Palacios ya llegaba al burladero para recoger la ovación, se levantó, resucitó el tiempo justo para estropear la fiesta del novillero, que de tener una oreja casi en la mano, pasó a necesitar tres golpes de verduguillo para terminar con la noble vida del buen novillo.


Curro Reyes

Curro Reyes se hizo presente en el momento en el que el temporal arreció y se midió con el ejemplar más complicado de los seis. “Malicioso”, que así se llamaba el torito, buscó por encima de los capotes y arreó sin control cada vez que alguien vestido de luces se le enfrentaba. La poca fe en las telas y la mala condición del enemigo, hicieron imposible el lucimiento del ecuatoriano. Con el sexto, mansito, pero dócil, se soltó en algunos momentos y consiguió pases estimables, unas veces al natural, otras interpretando el derechazo. La confianza que fue adquiriendo le hizo pasar en la cara del novillo más tiempo del aconsejable.

Unos aficionados con buena memoria dejaron flores en la localidad desde la que ejerció su cátedra el maestro Joaquín Vidal. Querían homenajearlo, como cada año, en el tercer aniversario de su muerte. Su pluma habría encontrado una forma sublime de hacernos llegar las desventuras de los novilleros acosados por el temible temporal. Mañana, una vez más, le echaremos de menos en los papeles. Maestro, desde aquí, pongo mi flor en su localidad.

Juan Pelegrín

Picadores Poco interesante en la actuación de los picadores. No demostraron gran puntería con ninguno de los novillos.
Banderilleros El viento también frustró gran parte de las intervenciones de los banderilleros, que anduvieron más preocupados de controlar sus capotes que de lucirse. Julio Campano destacó con los palos, lo mismo que Juan Carlos Ruiz.




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