De
la mano de César Palacios
Los más antiguos de la plaza
sabemos que en los días de viento hay que torear
allí donde indica el rabo del toro de la veleta del
reloj. Esta tarde apuntaba claramente a los terrenos del
tres, muy cerca de donde Andrés Palacios ha dado
los pocos pases limpios de la corrida. Estos pases han sido
estupendos naturales, que de haberse repetido en mayor número,
habrían encumbrado al joven albaceteño.
La novillada ha salido sensacional.
Encastada, noble, con movilidad. Un auténtico lujo
estropeado sólo por el molesto viento que molestó
continuamente.
Curro
Reyes salió vestido de tal forma que parecía
un remedo exacto del añorado Rafael de Paula.
Las cosas luego no terminaron de salir bien, pero
la estampa que ofrecía, con su traje catafalco
y azabache y las medias blancas, no dejaba dudas sobre
las fuentes de las que bebe el toreo de este chico
nacido en el lejano Ecuador.

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