Domingo, 27 de marzo de 2005
Corrida Concurso de Santa Coloma
 
 
   
Un toro de La Quinta, Victorino Martín, Cuadri, Adolfo Martín, San Martín y Soler Escobar
De La Quinta
Nº 12, Rompedor, cárdeno, 550, 1/01
Cabeceó en exceso en el peto. Noble y repetidor en la muleta con tendencia al calamocheo. Manso.
De Victorino Martín
Nº 189, Nadanito, cárdeno, 520, 12/00
Galopó en tres varas vibrantes. Humilló, pero quedó andarín y un tanto mirón. Se movió mejor hacia los medios que hacia los adentros. División de opiniones. Aplausos de salida.
De Celestino Cuadri
Nº 13, Turronero, negro liston, 570, 12/99
Fuera de concurso. Tardo y pobre en el primer tercio. Flojo y descastado.
De Adolfo Martín
Nº 17, Chaparrito, cárdeno, 584, 11/00
Mal picado. Recibió demasiado castigo. Soso, sin motor en el último tercio.
De San Martín
Nº 37, Campanillero, cárdeno, 530, 12/00 Ovación de salida.
Hizo una pelea discreta en el caballo. Flojito, con poco recorrido y a menos.
De Mauricio Soler Escobar
Nº 24, Patronio, negro, 528, 1/00
Manso de libro desde la salida. Sacó genio en el caballo, metió los riñones en el primer encuentro y salió suelto después. Huyó en el segundo. Incierto, reservón y peligroso en la muleta.

Pinchazo, estocada y cinco descabellos
Silencio
Estocada corta tendida y descabello
Silencio

Picadores Anderson Murillo y Aurelio García
Banderilleros Alberto Martínez, Juan Rivera, Domingo Navarro

Dos pinchazos, estocada y cuatro descabellos
Silencio tras aviso

Dos pinchazos, estocada y descabello
Silencio

Picadores José A. fernández y Rafael da Silva
Banderilleros Rafael Ruiz, Rafael González, Niño de Santa Rita

Pinchazo y estocada desprendida
Silencio tras aviso

Tres pinchazos y media
Saludos

Picadores Francisco Vallejo y Javier Vallejo
Banderilleros Manolo Coronas, Santiago M. Acebedo, Pascual Mellinas

El gafe de la corrida concurso


Luis Vilches recoge el premio de manos de Manuel Martínez Erice

Luis Vilches consiguió el premio al mejor lidiador y Alain Bonijol el de la mejor cuadra de caballos. Los premios al toro más bravo, mejor peón de brega y mejor picador han quedado desiertos.

Una pena, la bravura huyó con descaro de esta Concurso de Santa Coloma. Madrid tiene una maldición con las corridas concurso. Pocos aficionados, por mayores que sean, recuerdan una brillante. Salió rana, pero podíamos haber asistido al gran espectáculo del toro de casta, la recuperación de la tienta pública y el ensalzamiento de los toreros cabales que se enfrentan sin miedo al toro con mayúsculas. Nada de eso pasó, pero no hay que caer en el derrotismo. Ahí queda la opinión de la cátedra, que bramó de gozo cuando el victorino galopó de largo por tercera vez en pos del castigo.

Este tercio de varas representó el momento de más pasión de un concurso de bravura que resultó disminuido por la pésima suerte en la elección de los toros. El gafe de Madrid habrá influido, pero ninguno de los seis mereció el premio. Sólo ese de Victorino, lidiado en segundo lugar, durante algunos minutos, pareció un aspirante serio. Luego, en el último tercio, quedó andarín, un poco mirón y remiso a embestir según hacía donde tuviera que orientar sus pasos. El viento molestó y toda la faena tuvo que transcurrir cercana a las tablas. Queda la incógnita de cómo hubiera respondido en los medios. Lo mismo que no es un disparate preguntarse cómo se habría desenvuelto ese toro, interesante y encastado, fuera de una corrida concurso de Madrid. Uno, por aquello del gafe, tiende a pensar que habría sido un toro superior. ¿Quién sabe?.


Un momento de la cogida de Luis Vilches

El de La Quinta, musculado, con la mirada seria, se frenó en sus entradas al caballo y, aunque repitió en la muleta con nobleza, no fue un buen contendiente. El tercero, de Cuadri, quedó fuera de concurso al rehusar acercarse al peto. El cuarto, un galán de Adolfo Martín, recibió un castigo duro y mal administrado. No se sabe si en otras condiciones habría rendido de otra manera, pero tampoco ofreció ninguna señal esperanzadora. El quinto, de San Martín, ovacionado de salida, careció de fuerza y pujanza como para presentar una candidatura seria. Por último, el sexto, de Mauricio Soler Escobar, se comportó como un manso pregonado. Puso la emoción en la plaza de nuevo, pero por la vía del arreón y el susto.

Luis Vilches se llevó el premio al mejor lidiador por su pelea sincera y desgarrada con el toro de Soler Escobar, que en el primer pase por bajo de muleta casi le arranca el cuello. Le destrozó la chaquetilla y la camisa, pero le dejó intacto el corazón, que sólo salió mucho más caliente del atropello. Se encoraginó Vilches y le plantó cara al manso que arrollaba, negándose a obedecer. Se la jugó con los recursos que encontró a mano, que no fueron muchos más que la valentía y el deseo ciego de no dejar pasar una tarde tan importante para él. El público, sobrecogido durante el atracón del sevillano, respiró aliviado y premió al matador con una fuerte ovación a la muerte del marrajo.

Con el de Cuadri, flojo enemigo, Luis Vilches no pudo más que ponerse e intentar darle pases a un toro que, de ninguna manera, los podía aguantar.


Luis Miguel Encabo con el toro de Victorino

Luis Miguel Encabo mantuvo una interesante pelea con el victorino en la que, poco a poco, fue encauzando las embestidas un tanto inciertas. La faena se construyó íntegra por el pitón derecho. Por el izquierdo se la presentó en una sola tanda de la que no llegó a salir ningún pase acabado. Entre la espada y verduguillo pinchó demasiadas veces, tantas que el público se enfrió y sólo se acordó de aplaudir al toro en el arrastre. Hay que anotar, sin embargo, que otros también prefirieron silbarle. El toro recibió eso tan taurino que es la división de opiniones.

El de San Martín, hermoso, llevaba poco dentro; ni la fuerza ni la casta le sobraban en su bonito corpachón. Encabo, en un momento magnífico que no ha podido demostrar, no encontró enemigo con el que pelear.


Luis Francisco Esplá

Esplá no tuvo una de sus grandes tardes madrileñas. El toro de La Quinta y el viento lo agobiaron al hilo de las tablas y sólo al final consiguió mandar en cuatro naturales tardíos en la deslavazada embestida del ejemplar de Martínez Conradi. El cuarto, de Adolfo, llegó con poquísimo empuje a la muleta de un maestro que, en esta corrida concurso, se contagió del juego de los morlacos concursantes.

El otro premio que no quedó desierto cayó en las manos del francés Alain Bonijol, dueño de una cuadra de caballos que lleva camino de hacerse mítica entre los aficionados. Sus equinos se movieron con agilidad, donosura y sin resabios. Un caballo suyo picó al toro de Victorino, y en esos momentos de arrancadas de largo vibrantes a un caballo ligero y móvil, soñamos con otra fiesta. A pesar de que el resultado de esta corrida no haya sido óptimo, no hay que cejar en el empeño. La lucha por la casta merece que, una vez al año, sólo una vez al año, la bravura del toro de lidia se convierta en protagonista. Alguna vez se romperá el gafe. Sigamos intentándolo.

Juan Pelegrín

Picadores Ninguno de ellos consiguió el premio. Anduvo cerca Rafael da Silva, que hizo bien la suerte y señaló arriba. Para su desgracia, la puya se le descolocaba después y echaba a perder todo el buen trabajo anterior.
Banderilleros No han destacado especialmente, pero hay que resaltar la impecable labor de Domingo Navarro, un tercero de lujo que va en la cuadrilla de Esplá. No hay otro mejor colocado y más atento en el ruedo que él.




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