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Domingo, 20 de marzo de 2005
Corrida de toros |
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| 1º |
Nº
34, Vengativo, negro mulato, 5/00, 536
Muy
flojo.. |
| 2º |
Sobrero
de Cortijoliva
Nº 30, Garbosillo, negro, 520, 2/01
Se
le cuidó mucho en el caballo, pero tardeó
en la muleta y se paró. |
| 3º |
Nº
47, Pasajero, negro meano, 5/00, 496
Hizo
sonar el estribo en sus encuentros con el caballo.
Noble y obediente en el último tercio. |
| 4º |
Nº
50, Bonito, negro mulato meano, 4/00, 568
Pastueño
durante toda la lidia. Palmas. |
| 5º |
Sobrero
de El Cahoso
Nº 34, Arcillón, colorado, 536, 10/00
Flojito
y muy parado. Su tendencia a quedarse en mitad
del viaje lo hizo algo incierto aunque no tuvo
malas intenciones. |
| 6º |
Nº
2, Pitillero, negro, 7/00, 567
Muy
parado desde el primer tercio. |
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Metisaca,
dos pinchazos, estocada y dos
descabellos
Silencio
tras aviso
Estocada
desprendida
Oreja
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| Picadores |
Eugenio
García, Manuel Mazo |
| Banderilleros |
"El
Chano", Javier Palomeque,
David Domínguez |
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Tres
pinchazos y estocada
Silencio
tras aviso
Tres
pinchazos y cuatro descabellos
Silencio
tras aviso |
| Picadores |
José
Doblado y Josele. |
| Banderilleros |
Manuel
Peña, David Servonnat
y Pablo Delgado. |
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Pinchazo
y media
Saludos
Media
y estocada
Silencio
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| Picadores |
José
Luis María, Francisco
María "Hijo" |
| Banderilleros |
Daniel
María Benito, Oscar
Domínguez, Alberto
Berzosa |
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Fernando Cepeda, un torero distinto
Fernando Cepeda
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Fernando Cepeda cortó
la primera oreja de la temporada al cuarto toro de un encierro
flojo de Gavira. Rafael de Julia saludó a la muerte
del tercero y Sebastián Castella tuvo muy mala suerte
con su lote. Se guardó un minuto de silencio por
la reciente muerte de Don Antonio Gavira y sus toros salieron
luciendo divisa negra.
Los toros no quisieron embestir
al capote de Cepeda y ese suceso constituyó una gran
decepción. Un espectador incluso pidió silencio
de viva voz cuando el de Gines abrió su percal para
intentar un quite. Ni por esas. Mas no todo estaba perdido.
Al cuarto toro del encierro de Gavira, justito de fuerzas
y sobrado de dulzura, le quedaron arrestos para seguir una
docena de veces la muleta de Fernando Cepeda, quien se acompasó
con exquisito temple al paso del toro. Surgió el
toreo limpio, elegante y natural de un maestro. Sonaron
los olés sinceros en los tendidos y el mismo espectador
que pidió silencio sentenció: “Os lo
he dicho: es distinto”.
Rafael de Julia
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Es distinto porque se aleja
de la vulgaridad, porque trata los engaños con suavidad,
porque su estética no surge del amaneramiento, porque
manda en el recorrido del toro sin violentar. Fernando Cepeda
pertenece a la raza de los toreros diferentes, de los que
no necesitan contar sus pases por miles para contentar al
espectador. Fernando Cepeda, por eso y por algunas cosas
más que no acierto a describir, se encuentra entre
los elegidos de la afición de Las Ventas, que le
ha guardado el sitio durante sus momentos peores y espera
disfrutarlo ahora, que parece con la ilusión de un
chaval y le acompaña la clarividencia de sus muchos
años de toros. Hasta que le dure, que nos siga deleitando
con sus muletazos, una vez que, por si había alguna
duda, ha quedado demostrado que este torero es mucho más
que una verónica abriendo el compás.
Volviendo al mundo terrenal,
Rafael de Julia salió decidido a aprovechar la oportunidad
que se le presentó con la baja de Rivera Ordóñez.
A él sí le repitió su primero en el
saludo con el capote y aprovechó para darle tres
y media con gusto, sin descargar la suerte y ganando terreno.
Se llevó una ovación; natural. El de Gavira
llegó al último tercio con la acometividad
más que justa y se fue apagando a medida que Rafael
de Julia se metía en sus pitones. El de Torrejón
lo intentó de todas las maneras y posturas, pero
pudo hacer poco más que dejar patente su buena voluntad.
Lo sacaron a saludar a las rayas.
Sebastián
Castella |
Con el sexto tuvo que recurrir
al toreo de trinchera y atracón que tan poquito gusta
por esta plaza. La poca fuerza del enemigo le obligó
a ello y Rafael de Julia se empleó con tesón.
Alargó la faena un poco más de lo razonable,
defecto excusable por la imperiosa necesidad de triunfar
con la que se vistió.
Peor suerte aún tuvo
el francés Sebastián Castella, quien vio como
su lote completo volvía a los corrales. A cambio
lidió un sobrero de Cortijoliva y otro de la ganadería
de El Cahoso. Tuvo sus mejores momentos en una tanda de
naturales, extraídos con infinita paciencia y por
unidades al toro de Cortijoliva, que no se moría
por obedecer a los cites. Terminó también
metido entre los pitones, acariciándolos, claro síntoma
de que algo estaba fallando.
El público salió
de la plaza dos horas y media después de que se abriera
el portón del patio de cuadrillas. Subían
por la calle de Alcalá hablando de toros o, más
bien, de un torero, Fernando Cepeda, que con media docena
de muletazos es capaz de devolverle la ilusión a
cualquiera. Cepeda es distinto y, además, necesario.
Juan Pelegrín
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